Diario de León

Pérez Canca juega el partido de su vida

El exademarista lucha por vencer un cáncer. «Soy optimista», asegura. Integrante de la primera edad de oro del Ademar, el malagueño José Luis Pérez Canca ganó con el club leonés una Copa Asobal y una Recopa. Ahora el destino le obliga a jugar el partido más duro de su vida

la opinión de málaga

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Publicado por
georgino fernández | león
León

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La vida de José Luis Pérez Canca dio un vuelco hace algo más de año y medio cuando le fue diagnosticado un cáncer de páncreas. Un duro golpe del destino para un jugador que se había retirado del balonmano activo hacía poco tiempo y estaba listo para iniciar una nueva vida. Pero este ex central del Ademar en una de las épocas más gloriosas del club leonés —del 96 al 2000— es una persona de carácter, dentro y fuera de la cancha, y se aprestó a jugar el envite más trascendental de su existencia. Con el Ademar aprendió que con fe en las propias posibilidades se podía derrotar a un Barcelona que parecía invencible y arrebatarle —al conocido entonces como el Dream Team— la Copa Asobal de 1998 disputada en Zaragoza. Pérez Canca era el capitán de aquel equipo y recogió el trofeo de manos de la infanta Cristina.

Ese indomable espíritu ademarista es con el que ha encarado su enfermedad. Y le está dando buenos resultados. Ya lo denota su voz cuando hablas con él. Desprende energía y convicción con su marcado acento malagueño.

«La verdad es que me encuentro bien. Me han cambiado el tratamiento hace tres meses y medio porque el anterior parecía que dejaba de funcionar. Lo que se busca es estabilizar la enfermedad y ahora estoy siguiendo un tratamiento de quimioterapia pero en pastillas que está funcionando. La analítica ha mejorado y parece que está estable. Estoy bien, tengo días mejores y peores pero en general bien y con optimismo», subraya desde Fuengirola (Málaga), donde reside con su esposa, Beatriz, y su pequeña hija Helena de tres años.

A ‘Pepelu’ como cariñosamente se le conoce, una experiencia dolorosa como ésta le cambió la perspectiva, la forma de ver las cosas e incluso los valores como a otros muchos. «Oyes a mucha gente que ha pasado por algo parecido, todos dicen que te cambia la vida y es verdad. Esta claro que te la cambia, sobre todo en la forma de ver las cosas, lo ves todo como de otra manera. Ya no das importancia a chorradas y otras cosas a las que antes no les dabas importancia ahora se las das y ves que es lo realmente valioso: tu familia, tu hija, tu mujer y también los amigos Ya no te preocupas por tonterías y relativizas mucho las cosas».

Es un luchador y eso se traduce también en su forma de encarar ahora las cosas con el cambio que ha experimentado su vida. «Una situación así te ayuda a ver las cosas importantes de la vida y eres incluso más feliz. Disfruto más con los pequeños detalles como pasar una tarde con mi mujer y mi hija».

A Beatriz, su esposa, la conoció en León y con ella se casó aquí. «La verdad es que León es mi segunda casa», comenta enseguida. «Por temas familiares, porque mi mujer es de allí y vamos con frecuencia pero también porque guardo unos recuerdos magníficos de mi época como jugador. Me han tratado con un gran cariño. La gente me tiene mucho cariño y es de agradecer. Cuando salí de Málaga, mi casa, León fue mi primer destino como jugador y la verdad es que no necesité ni siquiera período de adaptación».

Durante sus cuatro temporadas vistiendo la camiseta marista colaboró a llevar dos títulos a las vitrinas del club: la Copa Asobal ante el Barça y la Recopa de Europa ganada al Teka, los dos en la temporada 98-99. «De la Copa Asobal guardo un gran recuerdo. Era una época parecida a la de ahora, el Barca ganaba todo y parecía que era imposible hacerle frente. Pero en esa ocasión se les ganó y fue una cosa increíble Ellos eran el ‘Dream Team’ con Urdangarín en sus filas y varias copas de Europa seguidas. A nosotros nos motivaba mucho aquella final no teníamos nada que perder y mucho que ganar». Aquel equipo empezaba a hacer historia con Cadenas en el banquillo y jugadores de la talla de Alberto Entrerríos, Juanín, Juancho y Hombrados, entre otros. «Si ahora lo ves en perspectiva —reconoce— la verdad es que era un equipo muy potente con gente entonces desconocida pero con mucha ambición. La gran mayoría de ellos fueron luego internacionales».

En el 2010, con 39 años dejó el balonmano y dos años después le detectaron ese cáncer que está manteniendo a raya. «Ahora tengo 42 años, soy pensionista y muchas esperanzas y convencimiento de que voy a mejorar. Y cuando llegue ese momento quiero hacer algo fuera o dentro del balonmano. Ahora estoy colaborando en la puesta en marcha en Málaga de un Torneo de Balonmano Internacional para jóvenes jugadores entre doce y 21 años. Creo que la cosa está bastante bien encaminada y yo estoy ayudando en lo que puedo. Me sirve también para distraerme y seguir vinculado al mundo del balonmano», asegura.

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