Diario de León

TENIS. ABIERTO DE AUSTRALIA

La espalda tumba a Nadal

E. l balear pierde la final de Melbourne ante un Wawrinka que suma su primer ‘grande’.

Nadal con gesto de triste con el trofeo de subcampeón al lado de un Wawrinka pensativo.

Nadal con gesto de triste con el trofeo de subcampeón al lado de un Wawrinka pensativo.

Publicado por
Victorio Calero | Melbourne
León

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«Lo intentaste. Fracasaste. No importa. Sigue intentándolo. Vuelve a fracasar. Fracasa mejor». Estas palabras tatuadas en el antebrazo de Wawrinka resumen a la perfección la final del Abierto de Australia del suizo y de Rafa Nadal. Por un lado sirven para representar la carrera del helvético, un tenista que ya tiene en su poder su primer título de ‘Grand Slam’ tras ganar su única final en un ‘major’.

Lo tiene porque derrotó en la final de Australia (6-3, 6-2, 3-6 y 6-3) a un tenista al que no había ganado un solo set en su carrera. Una buena muestra de la machada que completó. Un duelo en el que arrolló a Nadal en el primer tramo, hasta que el español se rompió al comenzar el segundo set después de sentir molestias desde el peloteo.

A partir de ese momento la batalla fue otra historia. Estaba lesionado. Otro se hubiese retirado. Él se mantuvo en pie y luchó lo que le dejó la espalda. Lo intentó. Sin apenas poder moverse tiró de orgullo de campeón y convirtió su derrota en un triunfo deportivo. Así, muy mermado físicamente, sin apenas movilidad, consiguió hacer un set y llevar hasta el límite a su rival. Así llevó el partido a lo mental, donde estuvo cerca de provocar un cortocircuito en la mente de Wawrinka. Al final del partido, después de que el helvético celebrase muy tímidamente el triunfo, cuando se felicitaban en la red y el ganador le preguntaba sobre su estado físico. Nadal no buscó excusas, no quiso poner el foco de la final sobre su espalda. Era el día de Wawrinka, el partido en el que Nadal demostró que es capaz de vencer en la derrota.

La tormenta Wawrinka no esperó mucho en asomar. Los primeros relámpagos que salieron de su raqueta sorprendieron a Nadal al comenzar el duelo. El suizo se había dejado los nervios en el vestuario. Saltó a la pista mordiendo, sin miedos. Su revés a una mano era dinamita. Su servicio, muy depurado, le daba la iniciativa y aculaba a Nadal al que superó por 6-3.

Nadal estaba fuera del encuentro, pero el orgullo y el respeto por la afición le impedían retirarse. Según se iba acostando el sol en tierras australianas, el partido se iba convirtiendo más en una batalla mental que física. El balear lograba incluso apuntarse el tercer set. Pero su estado físico no dio para más. Cayó, pero lo hizo con honor.

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