Diario de León
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Con deportividad roberto canuria

Cada fin de semana se disputan encuentros en todas las categorías del fútbol español, donde el aficionado asiste a presenciarlos, bien porque tiene algún familiar que participa, porque es socio, o como seguidor. Este deporte es de masas porque apasiona, moviliza sentimientos y su práctica genera emociones y tensiones, donde las alegrías y tristezas se mezclan. El buen rendimiento deportivo incentiva a los aficionados a seguir la trayectoria del equipo y a participar de una manera directa en el día a día de una temporada, con su asistencia a los partidos, entrenamientos, adquisición de entradas o abonos, y productos de su club que luego exhiben en la vida cotidiana.

Todo esto parece tener fácil lectura, pero en la práctica surgen los verdaderos inconvenientes para los equipos aficionados o semiprofesionales. Estamos viendo jornada tras jornada, que cada vez es más difícil llenar los campos de fútbol de los clubes punteros de este país. Si realizamos un trasvase a las demás categorías, el panorama se va tiñendo de color negro. El llamar a la afición para apoyar al equipo tiene poca capacidad de convocatoria y mucho menos respuesta, en estos momentos. Muchas son las causas de porqué a los estadios no acude la gente como, la saturación de partidos por televisión, los horarios de los encuentros, los precios de las entradas, la desilusión en la sociedad, la situación económica familiar de cada uno, el rendimiento deportivo del equipo, la credibilidad del club como institución, la repercusión de los medios de comunicación, el conocimiento de los futbolistas…

La realidad es que el fútbol empieza a tener un serio problema de consistencia en sus cimientos, si los aficionados no responden y el daño puede ser muy perjudicial para los clubes, donde la indiferencia y el pesimismo pueden conllevar a la desaparición de muchos equipos. La subsistencia depende de la capacidad de seguimiento que puedan tener por parte los aficionados y seguidores, auténticos catalizadores de movilizar a los diferentes sectores de la sociedad.

Un futbolista necesita tener por detrás personas que le hagan sentirse seguro, y le incentiven en el desarrollo de su trabajo. Los ánimos y los aplausos son fundamentales para sentirse motivado e influir en el rendimiento. Todos somos culpables de esta situación, y desde cada estamento se deben poner los medios para invertirla. El fútbol sin afición no es fútbol, porque además de deporte es un verdadero fenómeno social de masas. Pongamos remedio para ello.

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