Diario de León

Héctor de Prada JUGADOR DE BALONCESTO EN LA UNIVERSIDAD DE KIRTLAND

«El baloncesto americano es un estilo de vida»

El base confía en que su experiencia en Kirtland le abra las puertas al profesionalismo. Lleva el baloncesto en la sangre, deporte por el que hace ocho meses hizo las maletas desde León para trasladarse a miles de kilómetros. Michigan y la Universidad de Kirtland han sido el destino de este base que sueña con llegar algún día al baloncesto profesional.

Héctor de Prada, delante de una estatua que homenajea a Michael Jordan, un símbolo en el baloncesto norteamericano.

Héctor de Prada, delante de una estatua que homenajea a Michael Jordan, un símbolo en el baloncesto norteamericano.

León

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El baloncesto es para Héctor de Prada una forma de vida. Y también una pasión que cuando apenas contaba con unos años le inculcaron su padre y su primo, primeros rivales que tuvo sobre la cancha y ahora sus principales admiradores.

Con 19 años y después de saborear el éxito de vivir un ascenso con el Agustinos Eras a la Liga EBA, a Héctor se le presentó la oportunidad de cambiar de aires. Y nada menos que a miles de kilómetros y en la meca del baloncesto, Estados Unidos. Una Universidad, la de Kirtland en Michigan, se había fijado en sus cualidades y le ofrecía una beca que Héctor no rehusó. Ocho meses después no se arrepiente de estar viviendo el ‘sueño americano’. Eso sí, sin descuidar los estudios de informática donde también aplica su talento.

«Con 18 años no podía rechazar el tren que pasaba delante de mí. Y creo que he acertado. Aquí el baloncesto se vive de una manera muy especial, muy diferente al que un universitario puede vivir en España. En Mio, donde vivo y juego, todo el mundo nos conoce y se mantiene al tanto de nuestros entrenamientos y partidos. Nos consideran como estandartes representativos de su universidad».

Héctor, que no se olvida de sus inicios en Las Anejas y posteriormente su salto al Agustinos Eras de la mano de David Rascón y Benigno Paramio, se considera un privilegiado en poder vivir desde dentro cómo se forman la mayoría de los jugadores que posteriormente dan el salto a la NBA. «En Estados Unidos todo es más profesional por así decirlo porque aunque no tienes sueldo ellos te están pagando una educación que está valorada en mucho dinero y por ello te exigen al máximo. Las horas de entrenamiento son más del doble, con como mucho un día de descanso a la semana si lo estás haciendo bien, un trabajo físico nada comparable a lo que se está haciendo en Europa. A la semana llegamos a jugar dos o tres partidos a los que hay que añadir que tus clases están completamente acomodadas a tus horarios de entrenamiento y los profesores te facilitan las cosas todo lo posible».

Eso sí, al principio a De Prada le costó un poco aclimatarse. «Me acogieron con los brazos abiertos pero también he notado el cambio de cultura. Lo que más hecho de menos es a mi familia a la que tengo a miles de kilómetros. Respecto a la vida diaria además de entrenar y estudiar tienes poco tiempo para otras cosas, máxime si en la población en la que vivo, Mio, al ser pequeña, tiene pocas alternativas para el entretenimiento. Pero no me quejo porque vine para aprender y ser mejor tanto a nivel baloncestístico como académico».

Sobre su futuro, la prioridad pasa por quedarse en Estados Unidos aunque el hecho de que su universidad haya cancelado el programa de baloncesto para el próximo año, le obligará a cambiar de aires. «Tengo varias opciones para transferirme a otros ‘colleges’ y seguir jugando. Precisamente este mes voy a participar en algunos entrenamientos en diferentes sitios para buscarme el futuro. También puedo regresar a España y seguir estudiando la carrera por Internet. Pero la prioridad es seguir en Estados Unidos. Aquí puedes estar cuatro años jugando en las ligas universitarias y formarte en el apartado competitivo. Por desgracia en Kirtland y por temas burocráticos no he podido jugar lo que yo quería pero si sigo mi estilo de juego creo que se adapta bastante bien a la competición».

Su sueño es poder jugar algún día al baloncesto profesional, «trabajo cada día para ello. Sé que es complicado dedicarme a esto. Tengo 19 años y mucho camino por recorrer. Pero también las ideas claras de lo que puedo hacer y mis limitaciones. Llegar a un equipo profesional es un anhelo pero el tiempo me dará o quitará la ilusión». Héctor no se olvida tampoco de sus raíces. «Me alegra el temporadón que está haciendo el Agustinos en EBA peleando por la LEB Plata. Podría ser el primer paso para revivir el baloncesto profesional en León. En cuanto al Fundación espero que cambien las cosas y se puedan salvar, puesto que también tengo amigos allí».

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