De la obsesión a la presión
Leyendas de las nueve Copas de Europa del Madrid lamentan que no deje de reclamarse la ‘Décima’. «Cuando nosotros ganamos, no era el objetivo prioritario», recuerdan Amancio, Mijatovic y Morientes.

Cristiano Ronaldo y Sergio Ramos, durante la semifinal entre Madrid y Bayern.
El Real Madrid se adjudicó las cinco primeras finales de la Copa de Europa y ha ganado, en el plazo de un lustro, las tres últimas que ha disputado. Sin embargo, para levantar la ‘séptima’ hubo que esperar 32 años. Para presentarse en una nueva final y pelear por la ‘décima’ ya han transcurrido 12. Demasiado tiempo para un club al que, por historia y potencial económico y deportivo, se le exige no sólo tener aspiraciones a luchar por todos los títulos, sino triunfar en cualquier partido decisivo.
Una imposición sin tregua unida al nombre del equipo más laureado del mundo, del designado mejor club del siglo XX. Desde el mítico equipo de Di Stéfano y Gento al encumbrado en 2002 por la volea de Zidane y las paradas de Casillas, futbolistas que han participado en las conquistas de las nueve Copas de Europa coinciden en señalar que la presión, excepto en períodos aislados de antaño, es inherente al Real Madrid y es imprescindible que no acogote a los blancos frente a un Atlético liberado de ella. «Nada más ganar la ‘novena’, al día siguiente ya estaban pidiendo la ‘décima’», reconoce Casillas. «Cuando ganamos la sexta, en 1966, después de las cinco consecutivas, nosotros no sentíamos ninguna presión», asegura Amancio, compañero entonces —y goleador en aquella final— del único futbolista que puede presumir de seis Copas de Europa: Gento. Uno de los tantos del extremo cántabro en las finales valió, en la prórroga, para ganar la tercera al Milan en 1958. «De ese tanto que marqué hace más de medio siglo no se acuerda nadie. Ni siquiera yo, porque en aquellos años había que verlo en el cine», se lamenta Gento, que para el sábado aventura «una final de pocos goles».
Tan trascendental fue esa diana de Gento como la de Zidane en Glasgow o la de Mijatovic en Ámsterdam, donde el Madrid que se presentó en aquella final no estaba tan apremiado como ahora, a pesar de haber pasado una eternidad alejado del trono continental. «El favorito era la Juventus. Nosotros no teníamos entonces como objetivo ganar la Champions, ya que las prioridades eran la Liga y la Copa, pero la ganamos», clama orgulloso el delantero montenegrino. También Morientes, a quien sólo se le habló de la Liga, no de la Champions, cuando fichó por el Madrid, marcó y abrió el camino a la goleada blanca en la primera final española de la historia, la de 2000 en París ante el Valencia. Los jugadores de la actual plantilla, sin embargo, conscientes de que el reclamo es continuo por parte de las altas esferas, de los aficionados y de los medios, intentan abstraerse. «La presión sería un problema», reconoce Sergio Ramos.