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El taxista sabio de Río de Janeiro
Los taxistas son, probablemente, uno de los colectivos más sabios del planeta, sean de León, de Río de Janeiro, o de cualquier parte del mundo. Se pasan el día escuchando la radio y hablando con personas que, de vez en cuando, resultan ser interesantes. Tener una conversación con un taxista es una de las mejores experiencias que se puede tener cuando se viaja.
Ayer tomé un taxi para que me llevase a una rueda de prensa en Maracaná, previa al partido de hoy entre Argentina y Bosnia. Primera pregunta del amigo taxista: «Español, ¿no?». «Sí, español, ya puedes empezar a reírte», le respondí. Pero, en vez de recurrir al chiste fácil y a la broma barriobajera, empezó a preguntarme por la situación económica de mi país. Después analizó la derrota e hizo un resumen de lo ocurrido muy elocuente: «Os lo creíais demasiado», me dijo.
Me contó que durante la pasada semana había llevado a varios españoles al aeropuerto de Río de Janeiro. Todos ellos iban a embarcar a vuelos con destino a Salvador de Bahía para ver el estreno de la Roja, y nadie contaba con una derrota. La euforia desatada era el denominador común. Todos pensábamos en una victoria más de los campeones. Nos habían malacostumbrado a no sufrir.
En las calles de Brasil se respiraba triunfalismo entre los hinchas de la Roja, que a veces se confundían con los chilenos. Jugaban justo después y también visten de rojo.
Se veían más holandeses que españoles en el estadio de Salvador de Bahía y en la playa de Copacabana, que se convirtieron en una fiesta naranja durante los segundos cuarenta y cinco minutos del partido. La cerveza corría por las gargantas de los neerlandeses. Cuando el árbitro pitó el final del partido eran las seis de la tarde. A esa hora ya es de noche, porque ahora es invierno en Brasil y los días terminan temprano.
Los de rojo se recogieron, con la cabeza baja. A los de naranja les esperaba una gran noche de viernes, porque si algo hay en Brasil es fiesta. Un arsenal de europeos rubios estaba dispuesto a conquistarlo todo, incluso su primer mundial, que ya les toca. Veremos.