Diario de León

La nueva normativa recorta la actividad

Las variaciones en el caudal, sobre todo en el Esla, limitan extraordinariamente las posibilidades de supervivencia de las truchas hasta el punto de que se han reducido en un 90% en algunos tramos.

Un pescador disfruta de la jornada en el río Órbigo.

Un pescador disfruta de la jornada en el río Órbigo.

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P. vizcay | león
León

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Desde que comenzó la temporada de riego, a mediados de junio, la salida del embalse viene situándose alrededor de cuarenta m3/seg. De hecho, el embalse de Riaño, con el 81%, es el que menor porcentaje almacena a día de hoy. Este caudal soltado por las compuertas de fondo con una temperatura de unos siete grados limita extraordinariamente las posibilidades de supervivencia de las truchas, hasta el punto de que se han reducido hasta en un 90% las poblaciones trucheras de tramos tan emblemáticos como Las Salas o Valdoré, antiguos acotados que han dejado de serlo ante la falta de peces. Sin embargo, y a medida que el agua recupera temperatura y oxígeno disuelto, el río va cobrando vida, de forma que a partir de Modino las pintonas van recuperando actividad. Esto sucede, mejor dicho, sucedía, tanto en los tramos libres como en los cotos de Pesquera y Gradefes, sin duda los mejores que quedan en este emblemático río, el mayor afluente del Duero.

La entrada en funcionamiento de la Central de Sahechores, en medio del coto de Gradefes, hace que varíe sustancialmente la situación. Por debajo de Cistierna un canal extrae hasta 30 m3/seg, lo que unido a otras extracciones menores deja el cauce bajo mínimos. Los tramos libres de Modino, el coto de Pesquera, los tamos libres de Quintanilla, Vega del Monasterio y Villacidayo, y medio acotado de Gradefes se vadean fácilmente. Quienes no conocen la situación y sacan permiso para pescar en Gradefes no entienden que por debajo de la central haya que pescar «en barca» y por encima en sandalias. La escasez de caudal, si bien facilita la pesca a mosca seca, hace que el fondo del río se esté colmatando y aparezca sucio y resbaladizo. Este es un tramo de río muy visitado por los pescadores tanto locales como foráneos. Y truchas hay, aunque por desgracia cada vez menos y refugiadas en las tablas y los pocos pozos que quedan en un cauce muy menguado de caudal.

Y por si esto fuera poco el efecto se traslada aguas abajo. La circulación por el canal del grueso del agua apenas permite que ésta tome temperatura, con lo que sigue discurriendo congelada varios kilómetros hasta el tramo libre sin muerte de Villómar. Bastarían cuatro o cinco m3/seg. para que la situación, si no se solucionase totalmente, si al menos se viese sensiblemente aliviada. Esto no afectaría para nada a los regantes, ya que el agua vuelve al río, y tan solo reduciría ligeramente la producción de la central, pero ya se sabe que la producción hidroeléctrica es, por desgracia, prioritaria en los usos del agua.

La nueva normativa de pesca ha producido un efecto desolador en el número de aficionados que se acercan al río. Efectuar un balance siempre es arriesgado, pero no sería exagerado afirmar que la presencia de pescadores se ha reducido en mas de un cincuenta por ciento. El efecto en los cotos de pesca también se deja notar y, mientras que ha aumentado ligeramente la demanda de permisos con muerte, se ha desplomado totalmente la de sin muerte, pues los tramos libres, en estos momentos, tienen menos presión pesquera que los cotos, y posiblemente más truchas. Resulta prematuro hacer un balance de los efectos que, tanto para los peces como para la economía de los pueblos, puede suponer. Sin duda que los pocos pescadores que practican la pesca sin muerte deben estar totalmente felices, pero las economías relacionadas con el turismo y la venta de productos artesanos de las zonas trucheras, están sufriendo un auténtico descalabro. Por otro lado los Arecs y su sistema de elección apenas sirve para aliviar la demanda. Cabe suponer que para la próxima temporada se arbitren otro tipo de medidas que, al menos, establezcan la racionalidad en el sector.

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