EN DIRECTO
La deportividad reinó en la selva
Brasil dijo el martes adiós al hexacampeonato mundial. Digo Brasil y no la selección brasileña. No fue solamente un equipo de fútbol el que perdió en Belo Horizonte. El martes fue un país entero, fueron doscientos millones de habitantes los que sufrieron con los siete goles que les endosó Alemania.
Era festivo en todos los rincones del país, había pantallas gigantes en todas las ciudades medianamente grandes y, en las que no, los televisores salieron a la calle. La fiesta empezó varias horas antes de comenzar el partido. Yo estaba en Manaos, pero lo que se vivió aquí es exportable a todo Brasil, sin ninguna duda.
Todo el mundo vestido de amarillo, incluso los bebés, los perros, las motos, los autobuses y los capós de los coches. Estaban preparados para disfrutar del pase de la selección nacional a la gran final del Maracaná de este domingo y, evidentemente, para hacer una gran fiesta después, en la que ni la música fuerte ni el alcohol faltarían.
Nada de eso ocurrió. Alemania le metió siete a Brasil. Siete. Fue una verdadera tragedia nacional. No lo digo en broma. Muchos lloraron, lo lamentaron profundamente… Pero la tristeza, o por lo menos las muestras de tristeza, duraron solamente hasta el tercer gol. A partir de ahí, cuando vieron que aquello no tenía solución, decidieron hacer lo que mejor saben hacer: reírse de la situación y celebrar la vida, que son dos días.
Hasta se llegaron a ver celebraciones de los goles de Alemania, sobretodo del quinto, que ya parecía de broma, porque solamente se había jugado media hora de partido. Se miraban unos a otros y se reían. Otros se fueron a su casa, eso también es verdad.
En Manaos hay muchos turistas, porque es la ciudad a donde todos los extranjeros llegan antes de adentrarse a la selva amazónica. Algunos de ellos eran alemanes y se hicieron notar por la ciudad. Los brasileños, en lugar de enfrentarse a ellos o indignarse por la celebración de esos «europeos borrachos con la cara roja», decidieron darles la mano, hacerse fotos con ellos para subirlas a Facebook, hacerles bromas y, en definitiva, felicitarlos ante una evidencia palpable.