LUCHA LEONESA
¡Viva la Montaña, viva la lucha!
El gallo pasa la vía, sin necesitar pesados los montañeses, y acompañado del mazapán, que volvía a conquistar Tomás González con nueve victorias

La Montaña recuperó en manos de su luchador de semipesados Rodrigo Fuentes el más deseado título de la lucha
«Inenarrable». Si así describía Camino Gallego en 1984, en su crónica de Diario de León, el Montaña-Ribera que resurgía entonces en Villafañe, ese podría ser el término ajustado para lo que treinta años después se vivió en el pabellón de Navatejera. O no: quizás lo más oportuno sea decir que fue el de ayer el gran corro de la lucha que siempre se desearía narrar.
Lo tuvo todo, y en la mejor proporción: gran ambiente, buen escenario, engrandecido con los pendones concejiles de los pueblos de Villaquilambre, poco más de dos horas de combates plenos de entrega, calidad, emoción... Una afición de las de gala, con cerca de dos mil seguidores... Deportividad, Espectáculo (con mayúscula), y una victoria tan merecida como ansiada: la de la Montaña.
Arbitraban Antonio Getino y Roberto Andrés Moro. Tras la presentación de las dos selecciones, el reto legendario lo lanzaba desde el centro del corro el benjamín Víctor Cuevas en nombre de la Ribera, campeona en la anterior edición. Ese reto lo recogía Sergio López por los de las tierras altas. Se impuso el ribereño, a quien le ganaba el siguiente combate David Riaño, a su vez superado por una de las primeras figuras de la jornada: la brava ribereña Sandra López, que se anotaría cuatro victorias. Su racha la cortaba David Andrés «Morín II», con marca para el «mazapán», seis rivales vencidos, hasta que Sergio Álvarez, segundo infantil de los ribereños, le ganó combate y suma de triunfos: ocho para el ribereño, a quien paró Manu González, el de las cadriladas de Susarón.
Posterior equilibrio de fuerzas y resultados, con una desventaja para los del llano motivada por ausencia de dos de sus juveniles. El único de los presentes, el «Surfero» Alejandro Encinas, ganaba su primer combate. Después llegó Tomás González Sierra, por mayor grandeza, «Tomasín». Ahí, el de Camino sería el único término posible: «inenarrable» lo del juvenil de La Vecilla. Nueve rivales derribó, volvía a ser para él el «mazapán» , como en 2006, y en 2008 compartido.
Llegó Tomás hasta los semipesados de la Ribera. Allí, Jesús Mª Cabero, que volvía a ser el gran «Sansón» de los corros tradicionales. Cinco victorias para el de Valdearcos, la sexta se la arrebató en combate de nota Alberto Novoa. Al de Cistierna, lo derribaba Alejandro Fernández (de El Condado), a éste, la peña de Moisés Vega.
Samuel Pérez tercer semipesado de los de vía abajo, Moisés aún primero de medios de los de la senda del Hullero arriba. Tremendo y efectivo el de Alija, se deshizo de ‘Moi’ y, rehaciéndose de duros agarres, lo seguí haciendo hasta igualar tabla de semipesados con Guillermo González.
El de Valdeón llegaba fresco, luchó listo y se impuso. Su triunfo fue breve, con respuesta del segundo de los Pérez, Sergio. No había calentado su máquina el de Berta y en el siguiente enfrentamiento caía ante Rodrigo Fuentes.
¿Y Cómo narrar el resto? Rodri, cuarto montañés de semipesados, hizo innecesaria la luche de sus compañeros del peso superior, el que limpió de ribereños hasta ‘Caberín’, último esperanza de los de azul. Se había notado una especial ausencia, la de Clemente, y Abel tuvo que asumir responsabilidad. Atacó con nobleza (no podía esperar a que lo fueran agotando), y cayó.
Euforia en Montaña, satisfacción de la grada, gran corro, de los que narrar es casi tanto privilegio como vivir. Y esperaba la cena, iniciativa montañesa, para compartir lo mejor de la Lucha.