Diario de León

Miriam Marcos Arias. Luchadora

«Me quedo con la buena lucha, las ganas y el buen hacer»

En la «Liga de Campeonas» sus resultados han sido los que corresponden a una de las máximas figuras ya históricas de la lucha femenina: vencedora en su peso y absoluta. Sin embargo, algo queda de «mancadura».

La luchadora Miriam Marcos.

La luchadora Miriam Marcos.

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A. BARREÑADA | LEÓN
León

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En 2011 los de su ayuntamiento de Valverde le dedicaban una plaza, con más que justicia, orgullo para su pueblo. Que la luchadora con más historial de éxitos y plena vigencia tuviera que disputar el corro previo clasificatorio para tener «plaza» en la segunda Liga de Campeones podía extrañar.

—¿Por qué tuvo que ganarse el derecho en la previa?

—Porque no sumé lo necesario en la Liga de Verano, como consecuencia de problemas familiares que creí exigían más atención y también, por qué no decirlo, por desilusión con respecto a lo que sufría la lucha femenina, con la que creo que, además, estamos también fallando nosotras. Pedíamos para nuestra lucha y tengo la sensación de que ahora nosotras no cumplimos.

—¿Qué aportes más positivos pueden sacarse de esta competición en sentido general?

—Me quedo con la buena lucha, con las ganas y buen hacer de la organización, el empeño de hacer algo bien. La gente está contenta con la duración de los corros, los combates... Los luchadores lo han dado, no ha habido lesiones (salvo la de Liquete). Tal vez todo esto dé algún argumento para hacer algo nuevo en la lucha, como series o divisiones que incentiven para estar entre los mejores.

—¿Y en particular, para la lucha femenina?

—Desgraciadamente no he visto mucha presencia de las nuestras, ni siquiera en apoyo de las participantes, para demostrar que estamos ahí, que nuestra lucha merece la pena. Si nos desanimamos, perdemos. Sí creo que con buenos combates, corros ajustados en tiempo, a nadie le sobra la lucha femenina.

—Otra faceta, menos pública y publicada, de la luchadora Miriam es la que corresponde a la escuela, su trabajo como monitora. ¿Cuál es la situación que vive en ese terreno la femenina?

—Yo tenía niñas con mucha ilusión, la misma que sus madres. Una de las penas que me han quedado es el cese de la escuela de lucha de Valverde. Agradezco al ayuntamiento todo lo que se esforzó por sostenerla, pero, salvo algunas invitaciones para encuentros casuales, no teníamos muchas oportunidades de competir, y los niños quieren , necesitan, encuentros. Vieron la oportunidad y atractivo en otras disciplinas y no pudimos mantener el número exigido.

—La campeona de lucha leonesa destaca también en otras disciplinas. ¿Puede en su caso esa otra atracción con la del cinto?

—El penúltimo corro de esta liga tuve que decidir entre el fútbol-sala y la lucha. Hubo quien me dijo «tú eres de la lucha, los otros deportes te ayudan a la lucha». En otros deportes hay más posibilidades de hacer equipo, la lucha es más individual, más personal... Tú me contaste que mi abuelo Manolo era muy bueno en «balto», un aficionado me dijo en un corro que «esta raza mía era del abuelo Resti de La Ercina»... Hay algo en la lucha que tiene otro carácter, otra fuerza. Siendo minoritaria, con poco seguimiento por los medios de masas (salvo lo que hacéis en prensa) es sorprendente la afición que la rodea y la valoración que de tu esfuerzo se hace.

—¿Es difícil hacer lucha leonesa en equipo?

—Para mí no: ¡yo me lío hasta con una farola! Veo solidaridad entre compañeros luchadores. Donde cabe más mentalidad grupal es en las ligas de equipo («de invierno») y donde se fortalece esa mentalidad es en los entrenos, sean de tu equipo o no.

—Veintiún años de lucha, con máximo rendimiento, ¿cansada, satisfecha?

—Cuando lo deje no podré ir a los corros en dos años (¡el gusanillo!); siempre estaré vinculada. Buena parte de lo que soy se lo debo a quien me ganó para la lucha desde el día que llegué a donde estaban practicando un deporte que en nada conocía, me invitó a disfrutarlo y ha estado conmigo más a las duras que a las maduras: Jesús Oblanca.

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