Cristiano mancha sus récords
El astro portugués sumó otro comportamiento inapropiado cuando rescató a voz en grito su ya habitual acusación de ‘robar’ al marcar el gol 300 con el Madrid.

Cristiano Ronaldo no se ha apartado de esos gestos que lastran su imagen.
Cristiano Ronaldo volvió a demostrar en Vallecas sus dos caras. La de jugador fuera de serie capaz de lo mejor con el balón y también la de esos gestos alejados de un futbolista modélico. Igual que es un especialista en marcar goles y en ‘acribillar’ a porteros rivales, también lo es en exhibir actitudes innecesarias.
Gestos como hacer con la mano que te roban, limpiarte la escarapela de campeón del mundo cuando el público te pita por haber sido expulsado tras agredir a un rival en plena frustración, acomodarte los genitales para mostrar tu desacuerdo con una decisión arbitral, pedir calma al público para celebrar un gol —algo que puede ser sancionado, como desveló Javier Tebas, presidente de la LFP—, agredir a un contrario cuando el balón no está en juego.
Cristiano acumula excesivas manchas en su currículum, innecesarias, impropias del Balón de Oro. El portugués celebró su gol 300 con la camiseta del Real Madrid de la peor manera posible y logró que muy pocos recuerden un tanto con el que entró en la historia del equipo blanco por ‘culpa’ de un festejo errático. «Robando caralho», dijo, acompañado de un gesto. Y lanzó al aire un «a tomar por culo» cuando regresaba a su campo tras abrazarse con sus compañeros. Sus quejas no quedaron ahí, ya que cuando finalizó el partido se acercó al árbitro y le preguntó: «¿Cómo ahí me has podido pitar que me he tirado? Es penalti clarísimo». Unas quejas que pueden entenderse, de hecho hasta su entrenador Carlo Ancelotti mostró su incredulidad al colegiado con su decisión, pero al ser reincidente empiezan a molestar. Quizá se justifican menos por tratarse de Cristiano, porque con lo que genera en un año se consigue el presupuesto del conjunto franjirrojo y porque transmite la permanente sensación de ser el rico que se siente robado por los pobres.
Además, Cristiano es, por desgracia para él y su club, un viejo conocido en este tipo de comportamientos inaceptables de un jugador de su envergadura y carisma. Es cierto que, inexplicablemente, el colegiado del partido ante el Rayo Vallecano no observó el claro penalti de Amaya; que, por lo tanto, la amarilla que vio y que le impediría jugar ante el Eibar —el Madrid va a recurrir— sea injusta; pero ello no le concede derecho a la estrella del Real Madrid a tener ese comportamiento, alejado de los valores del deporte.