Diario de León

Baloncesto | eurobasket 2015

Bendita dependencia de Gasol

Pau ha asumido la responsabilidad absoluta para llevar a España a la final donde se verá las caras ante Lituania con unos números que le convierten en el virtual MVP.

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LUISMI CÁMARA | LILLE
León

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El Barça es lo que es porque tiene a Messi. El Real Madrid juega para Cristiano. Sin Jordan, Phil Jackson no se hubiera comido un colín en los Bulls. Son perogrulladas que algunos emplean con la intención de criticar y hacer de menos los éxitos de clubes, deportistas o entrenadores con un currículo plagado de triunfos y hazañas, pero que no hacen más que darles la razón sin restarles una micra de valor a los méritos acumulados. Cuando un técnico cuenta en su ‘roster’ con el incuestionable tótem del baloncesto mundial, su labor debe residir en rodearle de los complementos necesarios y dotar al equipo de los recursos tácticos adecuados para resaltar y explotar al máximo el mayor talento que se ha visto sobre una cancha de baloncesto.

Cuando una selección acude a un campeonato muy mermada por las bajas pero puede contar con el mejor jugador de todos los tiempos del país, cobra todo el sentido que base sus posibilidades de triunfo en un esquema de juego que pase necesariamente por las manos del líder. En todos los casos, la principal consecuencia es la dependencia. Bendita dependencia. La España devaluada que se presentó en Berlín y que pasó de a los octavos casi desahuciada, es ahora la finalista del Eurobasket con plaza ya en los próximos Juegos Olímpicos, tras acabar por el camino con la mejor Grecia de los últimos lustros y con la vigente campeona y anfitriona, la poderosa Francia.

En el caso de los galos, ante 27.000 gargantas unidas y entregadas para animar y apoyar a sus compatriotas. Todo ello, gracias al Pau más dominante, comprometido y motivado que se recuerda. Gracias a un jugador capaz de anotar 30 puntos ante el muro Gortat y su incómoda Polonia, de alcanzar los 27 tantos frente a los duros rivales helenos y de aplastar a base de talento e insistencia al vecino en su casa, con 40 puntos y 52 de valoración, en una de las actuaciones más excepcionales, emotivas y épicas que recuerda el baloncesto mundial. A los 35 años y con una larga campaña en la NBA, ha firmado hasta ahora unos números brutales -25,6 puntos, 8,4 rebotes y 2,3 tapones- que le convierten en el virtual MVP de la competición.

Eso no resta mérito a los otros componentes de España. Al contrario, Scariolo y los suyos han formado el equipo español. Es un conjunto en el que cada uno ha sabido asumir su rol sin una mala cara. Todos reconocen en el ‘4’ a su adalid y paladín espiritual con la naturalidad debida. Es tanto lo que ha dado a sus compañeros que compensa cualquier problema de egos o incomodidades personales que se plantee. Como explicaba Felipe Reyes antes de la debacle frente a Francia del pasado Mundial, «cuando se gana, todo es mucho más bonito».

Precisamente, la victoria de cuartos ante Parker y la tropa gala llenó de razones al capitán de la selección para demostrar a Orenga, anterior seleccionador, que se equivocó al aparcarlo en el fondo del banquillo y olvidarse de él en la Copa del Mundo. El madridista es uno de los íntimos de Gasol y nadie se alegra más que él de las excepcionales actuaciones de su colega pero, además, ha demostrado que es una fantástica pareja interior para él. Pese al indudable crecimiento a lo largo del torneo de algunos jugadores como Sergio Rodríguez, Llull, Ribas, Mirotic, la aportación en defensa de Claver, o el enorme esfuerzo del renqueante Rudy Fernández para aportar lo que puede en sus limitadas condiciones, es indudable que es el pívot de los Bulls el principal transmisor de felicidad en la ÑBA

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