El mejor español en la línea de meta por segundo año consecutivo
Aunque no pudo pujar por el podio a causa de una caída de un rival justo delante de él cuando la carrera se decidía, Miguel Ángel Benito volvió a cuajar una notable actuación en un Mundial. Este era su segundo (el tercero si se suma su presencia en la selección júnior) y aunque acabó en el puesto 21, tres más abajo que un año antes en Ponferrada, sus opciones fueron incluso más elevadas en Richmond.
Sin poder contar con el mismo número de compañeros que otras selecciones (España sólo compitió con cuatro por los cinco y seis de otras), Miguel Ángel estuvo siempre en la zona delantera e incluso cuando la carrera se ventilaba su mejor porción de pastel, la que iba a coronar a los mejores, mostró su dorsal al resto e rivales hasta el punto de que llegó a transitar en la sexta posición.
Fue precisamente en ese momento cuando el pavés jugaba una mala pasada a sus propósitos. Mojado por la lluvia caída y resbaladizo, cuando intentaba dar respuesta al ataque de Ledanois, Consoni, Turgis y Moscon la caída de un ciclista de la selección belga le hizo frenar perdiendo un buen número de segundos que a la postre y a pesar de su gran remontada le privaban de mostrar su clase en el sprint que iba a decidir a los tres inquilinos del podio.
La resignación era su sentimiento al cruzar la línea de meta en el puesto 21 a 16 segundos de Ledanois. Pero también la satisfacción de que lo había dado todo. Benito tiene también el consuelo de haber sido el mejor de la delegación española. Sus galones de líder los tuvo bien ganados demostrando que incidente de la caída aparte, tiene calidad y ambición para llegar muy lejos.
El próximo año también en la categoría sub-23 (acaba de cumplir 22 años) tendrá una nueva oportunidad. Y a la tercera puede ser la vencida.
Sobre un circuito de 16,2 kilómetros al que se debieron complementar diez vueltas (162 kilómetros), el leonés trató de hacer valer sus grandes cualidades para afrontar el tramo definitivo entre los mejores y con opciones de hacer historia, pero la caída de un belga le pasó factura. Su condición de todoterreno, la inteligencia con la que lee las carreras y su gran momento de forma se convirtieron en los mejores aliados para pujar por un lugar en el cuadro de honor al que aspiraban nada menos que 169 rivales más con los representantes daneses, alemanes, italianos, australianos, holandeses y los anfitriones norteamericanos como más cualificados escollos.