Diario de León

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Enredo culé ante el Villanovense

Los extremeños celebran como una gran victoria su empate ante el Barcelona

El defensa del Barcelona,  Marc Bartra, disputa un balón rodeado de rivales

El defensa del Barcelona, Marc Bartra, disputa un balón rodeado de rivales

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J. BRAGADO | VILLANUEVA
León

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A veces las sensaciones son más gratificantes que los hechos. Eso le ocurrió al Villanovense, el modesto equipo de Segunda B, que saboreó con deleite un empate contra el Barça (0-0) en la ida de los dieciseisavos de final de la Copa del Rey. En cambio, a los jóvenes azulgrana que tuvieron la oportunidad de reclamar su protagonismo la noche en Extremadura les debió parecer una jornada estéril y poco gratificante porque ninguno de ellos deslumbró o adquirió méritos como para plantearse algún cambio de futuro. De poco servirán los argumentos sobre el césped irregular porque tampoco los argumentos con el balón funcionaron.

Durante gran parte del partido fue el equipo local el que impuso su ánimo y el de los aficionados que superpoblaron el Romero Cuerda. Apretaron a los visitantes contra las cuerdas, les impidieron pases fáciles y hasta a base de empuje y energía conquistaron territorio ajeno para rematar sobre la portería de Masip. Pero si el equipo verdiblanco no logró ningún gol fue por culpa de la defensa del Barcelona, puesto que en esa línea Luis Enrique no quería ofrecer ninguna debilidad y formó con cuatro jugadores del primer equipo: Douglas, Bartra, Vermaelen y Mathieu. Por otra parte, los mejores hombres del defensor del título fueron sus jóvenes centrocampistas. Samper, del perfil de mediocentro forjado en La Masia con precedentes como Cesc o Sergi Roberto, dirigió el juego cuando se lo permitieron los peleones rivales; el camerunés Wilfred Kaptoum resultó el más descarado del club de Primera División con regates y alguna incursión vertical y Gumbau firmó la mejor oportunidad de gol con un disparo desde el borde del área pasado el primer cuarto de hora. Así, aunque la intensidad de los locales ofreció un partido sin pausas, tampoco el Barça se vio apurado.

En la segunda parte el cambio de escenario tuvo más que ver con el paso adelante de los visitantes, que por medio de Munir se acercaron más al gol porque se dispuso a aprovechar esa oportunidad de los minutos disponibles. Para entonces el conjunto extremeño decidió juntar más las líneas de su prudente 4-5-1 y agruparse para que las ayudas defensivas impidieran al Barcelona marcar un gol y con empate a cero se llegó al final.

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