Diario de León

La Eragudina se viste de fiesta

Los fieles del Astorga y de la Cultural respaldan a sus respectivos equipos en unas gradas repletas de aficionados .

Guillermo Mielgo, orgulloso de su Cultu.

Guillermo Mielgo, orgulloso de su Cultu.

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ÁNGEL FRAGUAS | ASTORGA
León

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Los seguidores del Atlético Astorga y de la Cultural pusieron color al derbi, el verde y el blanco de sus respectivas indumentarias, aunque ayer la Cultural vistió de rojo de su segunda equipación, en un partido pleno de ambiente desde las horas previas al partido. Máximo respeto y cada hinchada a lo suyo, a animar para oficiar de jugador número 12.

El estadio de La Eragudina vistió sus mejores galas para acoger un encuentro que hoy por hoy es el más atractivo del fútbol leonés, con dos equipos a los que no se les puede negar espíritu de sacrificio por lo que desarrollaron ayer sobre el campo de La Eragudina. Eso sí los de Ferrando demostraron más pegada pese a que no contaron con su estilete arriba, Isaac Aketxe, el gran ausente de un encuentro que pasará a la historia por el debut en el banquillo astorgano de un grande de la Cultural, Paulino Martínez. Sí, el de la bota de vino en la celebración de sus goles.

Los sombreros verdes, las bocinas y los bombos de la afición maragata se dejaron oír desde varias horas antes del encuentro por toda la ciudad bimilenaria, hasta que aparecieron las peñas de la Cultural y Deportiva Leonesa y situaron sus señas de indentidad sobre el fondo del estadio. Comenzó el grito de guerra: «¡Cultural, Cultural, Cultural! con continuo flamear de banderas y bufandas. El calor del ambiente volvió a un duelo provincial que se caracterizó por la lucha, la raza y el coraje, además de extraordinarias notas de calidad de los componentes de ambos cuadros.

Pese a adelantarse la Cultural con dos goles y con una hinchada blanca enardecida, los astorganos no se amilanaron nunca, como lo hicieron sus jugadores sobre el campo. Sólo que esta vez ni un David Bandera magestuoso obró el milagro. Ni tampoco otra de sus estrellas, Diego Peláez, a quien la afición maragata profesa admiración: «¡Diego, el Palacio es tuyo!», le gritaban desde la grada. Dos aficiones respetuosas dieron aire a un derbi sin efecto Paulino.

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