TIRAR EL MURO DE LA DISCAPACIDAD
El desafío de Raquel
Tiene parálisis cerebral, es ingeniera informática con 23 años y esta temporada entrenará 40 días en San Isidro para lograr una plaza en el equipo nacional de esquí adaptado

Raquel Martínez Muñiz en un descenso
Raquel Martínez Muñiz nació con parálisis cerebral hace 23 años. Vive con una discapacidad física que condiciona sus movimientos. Le afecta a los brazos y a las piernas, pero eso no ha impedido que practique deporte desde muy pequeña.
A los seis años subió a la nieve por primera vez. Y desde entonces esquía con su familia, cuatro o cinco días cada temporada en diferentes estaciones de los pirineos. Desciende sin ningún problema por pistas rojas y afronta sin miedo las negras. El manto blanco cubre su discapacidad. «Si camino por la calle me siento diferente pero cuando esquío puedo seguir el ritmo de otras personas», relata Raquel, una joven leonesa que decidió hace tiempo no ponerse límites.
Terminó este curso Ingeniería Informática y afronta ahora uno de los retos más importantes de su carrera. Quiere entrenar muy duro durante todo el invierno para ganarse un sitio en el equipo nacional de esquí adaptado. Es consciente de que mucha gente «lo interpretará como una quimera», pero está decidida a «poner toda su capacidad de lucha y sacrificio» en la tarea de alcanzar a corto plazo el centro de tecnificación del Valle de Arán. «Es mi principal objetivo. Voy a dedicarme plenamente a ello porque quiero saber si con trabajo específico puedo alcanzar ese nivel», explica Raquel, que compite desde principios de 2013, cuando sus padres contactaron con la Fecledmi para que ella y su hermano Javier, que tiene Síndrome de Down, participaran en las actividades deportivas de esta Federación. Ha conseguido medallas importantes, aunque nunca tuvo un preparador específico que puliera su técnica.
Por eso ha trazado ahora, una vez se ha liberado del yugo académico, un exhaustivo plan de trabajo, tutelado por un entrenador nacional, que le obligará a pasar 40 jornadas en San Isidro. Cuenta con la implicación de Raúl Blanco, director técnico de la Escuela Arropaje, quien dirigirá las sesiones y preparará a Raquel para que supere las pruebas del equipo nacional. Mejorará su técnica de esquí libre, estará concentrada en la estación durante intervalos de tres y cinco días e intentará que se cierre un convenio con la Federación de Deportes de Invierno para que pueda disputar las competiciones de «normales» con el objetivo de «ganar algo más de experiencia».
Necesita material, medios para desplazarse, acceso a las pistas, licencias federativas, alojamiento en el complejo invernal, fisioterapeuta y una persona de apoyo. «Aunque es capaz de hacer muchas cosas de manera autónoma, requiere ayuda para determinadas actividades debido a las limitaciones de sus brazos», explica su padre, Juan Pedro, el encargado de encontrar los casi 13.000 euros que demanda Raquel para sacar adelante este proyecto. «Le han concedido una beca Excelencia de la Junta por sus resultados. Son 3.800 euros y dentro de poco va a sacar unas subvenciones la Diputación para deportistas con discapacidad», aclara. Además, le han pedido a la institución provincial que les ceda temporalmente un apartamento que tiene en San Isidro. Aún no les han dado una respuesta definitiva aunque la sintonía con la administración «es buena». Y la Clínica Fierro de Trobajo del Camino se ha ofrecido para tratarla una vez a la semana y descargar así su cuerpo de tanto entrenamiento.
«Como padres es difícil llegar hasta aquí, no sólo por el gasto. Hay muy pocas pruebas en el calendario para personas discapacitadas. Cuando ha tenido la Copa de España en Sierra Nevada nos vamos de León el viernes, compite el sábado y el domingo ya estamos de vuelta», subraya. «Aquí no existe esa cultura del deporte o, al menos, nosotros no la vemos. Hay muy pocas ayudas públicas. Somos realistas y sabemos que Raquel tiene una discapacidad muy importante y parece increíble que pueda esquiar como lo hace. Es razonable que los entrenadores de la escuela nacional tengan dudas sobre su capacidad, pero ella lucha cada día», reconoce. Nunca lo ha tenido fácil. No sólo por la parálisis cerebral. Una luxación congénita de cadera la llevó al quirófano en dos ocasiones (julio de 2005 y junio de 2007). La intervención salió bien pero si camina más de cinco minutos sufre bastante dolor. «Cuando esquío o voy en bicicleta no me duele nada», apunta. En la nieve «me siento libre, satisfecha, aunque también te llevas tus disgustos si una carrera sale mal», señala Raquel Martínez, que no hace mucho era incapaz de ponerse las botas por sí misma. Tampoco cogía la ‘percha’ en las estaciones. Ahora lo consigue sin ayuda.
«Para mí este año es muy importante porque voy a conocer mis propios límites. Entrenaré por primera vez con un monitor especializado, pasaré puertas antes de ir a los diferentes campeonatos y entonces sabré cuánto progreso», declara.
Ya le ha comentado su profesor Raúl que va a ser una temporada «muy dura». Si supera esta prueba sabrá que realmente tiene posibilidades de competir a un nivel alto. «Ese es otro de los factores que influye en que este año sea clave para mí. Yo he dicho que sí, estoy dispuesta a sacrificarme y a esforzarme al máximo», advierte.
Además, cree que su experiencia podría servir de ejemplo para otros discapacitados que quieran practicar deporte. «Esto puede ser una semilla que permita a otras personas de Castilla y León seguir sus pasos sin tener que desplazarse fuera de la comunidad. Es la primera vez que se plantea un proyecto de estas características, que sí existe en otras estaciones de España», desea su padre.
Mientras él busca recursos para llevarlo a cabo, Raquel mira al cielo, pendiente de esa nieve sobre la que se apoyan sus sueños. Quizá algún día llegue a unos Juegos Paralímpicos de Invierno. «Ésa sería mi meta más alta, pero voy poco a poco. Primero San Isidro, luego el Valle de Arán y si soy capaz de alcanzar el nivel...».

Raquel, segunda por la izquierda, con la medalla de oro que consiguió en la prueba combinada del Campeonato de España. MARTÍN IMATGE