Diario de León
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FRANCISCO DEL RÍO
León

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Muchos lectores al ver el resultado que titula la presente columna quizás visualicen la pista  Philippe Chatrier de París, rememorando alguna de las obras de arte que escribió sobre la arcilla nuestro prolífico Rafa Nadal, pero mi intención consiste en incidir en el deporte base, cuyos resultados no distan en muchas ocasiones de tanteos similares a los del deporte de la raqueta.

No tenemos que retrotraernos mucho en el tiempo para encontrar resultados tan abultados en el deporte formativo, independientemente de la modalidad deportiva que se esté practicando, sino que basta con acercarse a cualquiera de las instalaciones deportivas de nuestra ciudad un fin de semana para ser espectadores, en muchas ocasiones, de una gran desigualdad competicional. Recientemente, ha sido noticia en los medios de comunicación el resultado de 53-0 que se produjo en un partido de categoría infantil de fútbol en Sevilla así como el marcador de 161-2 de un partido entre institutos en Estados Unidos, pero estos marcadores ¿atentan contra los valores inherentes al deporte de formación? ¿son educativos y pedagógicos para los vencedores y vencidos? ¿se debería sancionar a los autores de los mismos? o ¿se deberían normalizar y no extraer conclusiones más allá del ámbito deportivo? Es aquí donde surge el debate entre lo legal y lo ético.

Desde el punto de vista objetivo y jurídico no hay nada que pueda objetarse, aunque podría haber partidarios de sancionar a los autores de estos marcadores por atentar contra el buen orden y decoro deportivo dudo que los comités disciplinarios federativos autorizaran imponer referidas sanciones. Desde el punto de vista moral habrá quienes consideren estos resultados antideportivos y perjudiciales para la formación deportiva de los niños y niñas e incluso para su autoestima pero quizás todos los miembros que componemos la comunidad deportiva deberíamos hacer una catarsis sobre este asunto.

La respuesta, como indica Bob Dylan, está en el viento, pero mientras tanto, yo aconsejo normalizar las situaciones y los resultados, no descontextualizándolos, reforzando y valorando la actitud sobre el éxito. Aprender a ganar y a perder. A sacar lecturas constructivas de la competición. Este es el camino hacia el crecimiento personal de todos.

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