Escaparate verde para Iago Beceiro

El Astorga confirma la cesión por parte de la Ponferradina del punta coruñés al que el fútbol profesional abraza de nuevo tras las juergas y vicios que devoraron sus sueños y amenazaron hasta su propia vida .

León

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La comisión gestora del Atlético Astorga confirma la cesión por parte de la Ponferradina al Atlético Astorga del delantero Iago Beceiro, después de las negociaciones emprendidas y contadas por este periódico desde su edición del pasado lunes.

Iago Beceiro (La Coruña, 1993) tiene una nueva oportunidad en el fútbol profesional de la mano de la Ponferradina, club que confía en que el jugador regrese por sus fueros. Primero lo tendrá que demostrar en el Astorga hasta el final de la presente temporada, a las órdenes de su entrenador Paulino Martínez.

El deporte y la vida abrazan de nuevo al futbolista gallego. La historia narrada en La Voz de Galicia no deja a nadie indiferente. La mala fama de Iago Beceiro acabó por borrar las crónicas de sus goles y jugadas imposibles. La perla de la cantera del club coruñés naufragó ante los excesos que cometió en su La Coruña natal, donde la leyenda de sus juergas y vicios devoró los sueños y amenazó hasta su propia vida. Pero esta es la crónica inacabada de su resurrección y la del sacrificio de una familia que no lo dejó caer. La de José Manuel Zubiela, presidente del Verín, club en el que jugaba hasta ayer, y quien no dudó en acogerlo en su casa, junto a Sergito, otro extraordinario futbolista, donde viven con su mujer Irene y sus hijos Marián y Josiño, para abrazarse al presente y poder volver a hablar en futuro.

Beceiro, un delantero huracanado de 22 años, alcanzó en la cantera del Deportivo lo que nadie había logrado: escalar desde el alevín hasta el primer equipo. En enero del 2011 jugó un partido de Copa contra el Almería. Tenía 17 años y 311 días. Luego, una breve etapa en Ucrania (al lado del deportivista Lucas en el Karpaty), el Caudal asturiano y el Somozas. Llegó a Verín en noviembre pasado, cuando ya no le quedaba otra escapatoria. «Hubo un momento que estallé. Veía que me estaba engañando a mí mismo y a la gente. Estaba en Segunda B, pero no estaba siendo el jugador que tenía que ser. Tuve una pequeña depresión incluso. Reventé de todo y estuve dos meses sin hacer nada. Una noche salí, me pasé, no fui a entrenarme y desde entonces corté. No quería seguir así. Me quedé dos meses en casa sin entrenarme y me llamó mi agente. Me dijo si quería seguir haciendo el tonto, o si me quería venir a Verín». Y Iago decidió que sí. Desde hoy se le abre una nueva oportunidad en el Astorga por obra y gracia de la Ponferradina.

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