Un club con humildad, imaginación y voluntad

S on las tres premisas que, para mí, deben reflejar los componentes fundamentales del deporte en todas sus áreas. Las tres las he vivido en un Día del Padre especial, no sólo por ser padre, sino por haber revivido viejas sensaciones y, además, haber contrastado maneras de vivir de cerca el deporte.
Me explico. Fue en el Área Deportiva de Puente Castro. Hacía mucho tiempo que con La Peña me había comprometido a presenciar un partido de sus juveniles, ésos que han logrado la hazaña de mantener matemáticamente la categoría. Fue el día para que yo viviera sensaciones mezcladas...
La primera sensación, indudablemente, el trato recibido. Hicieron todos sus directivos y seguidores que me sintiera casi como un dios de aquéllos de las mitologías griegas y/o romanas que todo lo conseguían. Trato inconmensurable, aun sabiendo que yo ya soy ese ‘pobrecito hablador’ que no habla en la radio pero siendo conscientes de que en mi época radiofónica siempre apoyé el deporte y el fútbol modestos.
Hay, sin embargo, más. Lo que pude apreciar independientemente del juego (en el que siempre hay que mejorar pero en el que, al no ser entrenador, no quiero entrar) en otras cosas… En la pasión, en la manera de cuidar el entorno, en los más mínimos detalles, en la manera de vivirlo y, sobre todo, en la capacidad de convocatoria.
Me contaron que la asistencia de público no fue nada comparada con el día en que visitó las mismas instalaciones el Real Madrid. Lo creo, pese a que la tribuna (¡ya la querrían para sí muchos equipos de Segunda B!) no llegó a estar llena del todo. Me emocionó que un club tan modesto sea capaz de tener semejante capacidad de convocatoria, mucho más cuando pude comprobar (porque tuve la posibilidad de estar allí con tiempo) que nada se había dejado al albur de la imprevisión y que todo el mundo arrimó el hombro para que el espectáculo lo fuera desde el primer momento, independientemente del resultado final.
Jugaban contra el Atlético de Madrid. Hay mucha tela en los ‘colchoneros’, pero los chavales de la Peña le pusieron las cosas muy difíciles a los contrarios.
Eso es lo de menos. Me quedo (como siempre) con las sensaciones y con las opiniones. Quiso la casualidad que en el campo del al lado estuvieran jugando un partido categorías inferiores del Burgos y de la Cultural. Quiso la casualidad que pudiera encontrarme y compartir diálogo con seguidores burgalesistas. Quiso la casualidad que me reconocieran (20 años parecían no ser nada, pero nunca se está en el olvido cuando se hacen bien las cosas). Quiso la casualidad que se maravillaran (y no exagero) de que hubiera semejante asistencia de público en un partido de juveniles: «Proporcionalmente hay más gente que en El Plantío en un partido de Segunda División B. Quiso el destino que, aunque me entristeciera el dato (porque uno no puede dejar de ser burgalés) me sintiese orgulloso de ver que en otra tierra, que en otro club, se hacen las cosas mejor que en los míos.
¿Hay cosas que mejorar en la Peña? Sí. Es difícil, pero la humildad da capacidad de mejorar, la voluntad siempre supone un ansia de mejorar y la imaginación siempre es libre para idear cosas nuevas que sigan llenando la grada del Área de Puente Castro… Y lo que no le falta precisamente a la Peña es eso: humildad, imaginación y voluntad…
Ya me gustaría lo mismo en otros clubes, ya…