Diario de León

El fútbol mundial llora a Cruyff

Un cáncer acaba a los 68 años con la vida del hombre que cambió el fútbol con sus ideas dentro y fuera de la cancha Su legado sigue más vivo que nunca.

Inmerso desde hace meses en la lucha contra el cáncer, Cruyff falleció ayer. VAN WEEL

Inmerso desde hace meses en la lucha contra el cáncer, Cruyff falleció ayer. VAN WEEL

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javier bragado | madrid

El hombre que cambió el fútbol se ha marchado para siempre. Hendrik Johannes Cruijff -tradicionalmente en España llamado Johan Cruyff-, aquel tipo desgarbado de Amsterdam que revolucionó desde dentro del campo y desde la pizarra el balompié ha muerto. Su legado caminará más allá de su subcampeonato mundial, de sus distinciones individuales (tres veces Balón de Oro y dos Bota de Oro) y de sus títulos como entrenador porque el Barcelona de Josep Guardiola o los triunfos de la selección española sólo se explican por su herencia. Despierto, deslenguado y rebelde, enseñó desde la actitud a transformar el fatalismo del Barcelona en una identidad reconocible imitada en todo el mundo o la ‘furia’ española en el excelso fútbol de salón que maravilló el planeta. «Si tengo la pelota yo, no la tienen ellos», sostenía el técnico y de él lo aprendieron. El hombre que sufrió un aviso (fue intervenido en 1991 por una angina de pecho) y cuyo padre murió de un ataque al corazón cuando era un chaval de 12 años había abandonado la trinchera de los fumadores compulsivos treinta años antes pero no pudo superar un cáncer de pulmón. En febrero decía que sentía que ganaba 2-0 en la primera parte a la enfermedad, pero perdió trágicamente su último partido.

Como futbolista fue reconocido como uno de los más grandes. Después de perder una final mítica de la Copa del Mundo Franz Beckenbauer, uno de sus rivales, le alabó y resumió su estilo: «Es de los que han hecho del fútbol un arte». Manejaba las dos piernas y recorría todo el campo a su antojo, cambiaba de ritmo como nadie, goleaba y asistía, lo que le permitió abanderar el nuevo concepto de ‘fútbol total’ con la selección de los Países Bajos dirigida por Rinus Michels. La ‘Naranja Mecánica’ había adquirido la idea del fútbol total del Ajax de Stefan Kovacs a principios de los años setenta, pero quien sería su tutor aplicó la novedad. «Michels encuadró el talento y nos hizo profesionales. Hasta entonces todos tenían un segundo trabajo, yo acababa de llegar al segundo del equipo y fui de los primeros en tener un contrato profesional», analizó Cruyff.

En el campo fue capaz de crear uno de los penaltis más rápidos de la final de Mundial, en la que marcó, fue el mejor y se marchó con derrota. En la pizarra también deseó trasladar ese fútbol total de la selección de los Países Bajos. Antes brilló en el Ajax hasta el punto de que el Barcelona del tardofranquismo contrató a su mentor Michels y efectuó un gran desembolso de dinero para hacerse con su fichaje. Con el equipo de Amsterdam había ganado la Copa de Europa en 1971, 1972 y 1973 y fue el primer futbolista en coleccionar tres Balones de Oro (1971, 1973 y 1974). En Barcelona únicamente ganó en cinco temporadas una Liga y una Copa del Rey, aunque siempre fue muy recordada su actuación en el 0-5 en casa del Real Madrid o un acrobático gol al Atlético de Madrid por el que fue bautizado como ‘el holandés volador’. De la entidad azulgrana fue a la ambiciosa nueva competición de Estados Unidos. En la peculiar mezcla de fútbol y show disfrutó hasta el punto de jugar ser nombrado el mejor futbolista de la temporada tanto en su período con los Aztecas de Los Angeles como con los Diplomats de Washington (con un paréntesis en el Levante en Segunda).

Si su contribución como futbolista fue excelsa, como entrenador aumentó su aportación al fútbol. Sin Cruyff no existiría el Barça actual. Pero no fue fácil. . Duras fueron sus luchas con el presidente azulgrana Josep Lluís Núñez, quien le aguantó fichajes inesperados y caprichos mientras los resultados le rescataron un par de veces. Más de una vez esquivó ultimátums como en la Recopa de 1989 y la final de Copa de 1990 en Valencia contra el Real Madrid y hasta la fe le rescató para el Olimpo en momentos cruciales como el cabezazo de José María Bakero (1,75 metros de altura frente a las torres germanas) contra el Kaiserslautern en uno de los pasos ganar la primera Copa de Europa azulgrana. El futuro ya era suyo.

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