BALONMANO. LIGA ASOBAL
Un muro de bronce y a soñar
El equipo leonés arrolla desde el primer minuto al vallesano y le arrebata la tercera plaza. Cupara desespera al Granollers con una actuación excelsa

El lateral brasileño Leo Santos se eleva sobre el ex del Ademar Álvaro Ferrer durante el partido de ayer en el Palacio. JESÚS F. SALVADORES
sergio c. anuncibay | león
El Abanca Ademar le hincó ayer su colmillo afilado a la tercera plaza y lo hizo después de zarandear durante sesenta minutos a un Granollers que llegaba al Palacio asido a ese cajón de bronce, pero salió del pabellón magullado, lleno de heridas. Le había pasado por encima una apisonadora (33-21).
Los leoneses regalaron a la afición el partido más completo de la temporada, también en ataque, donde el juego posicional resultó mucho más fluido que en otras ocasiones. Todos los jugadores ofrecieron su mejor versión, aunque lo de Cupara fue harina de otro costal. El portero serbio amargó a los vallesanos con un carrusel de intervenciones que situó su porcentaje de efectividad cerca del 53 por ciento. Casi nada. Puso a la grada en pie. Seguro que alguno tiene pesadillas con el balcánico.
Eso permitió a los de Rafa Guijosa meterle una velocidad endiablada al encuentro desde el primer segundo, ahogando así a uno de los mejores equipos de la Asobal, incapaz de igualar la intensidad de la defensa marista. Imperial ayer.
No habían pasado diez minutos de pelea y el Ademar ya ganaba de seis goles. Nacho Huerta y Juanín García hacían de punta de lanza. Si no resolvía Piñeiro en seis metros. Sólo Figueras aguantaba ese ritmo y dos acciones suyas redujeron la distancia (8-5).
Fue entonces cuando aparecieron ciertas dudas en la faceta ofensiva de los leoneses, que tras algunos errores en el lanzamiento y un par de pases fallados insuflaron algo de oxígeno al conjunto vallesano, que logró ponerse a dos goles (8-6).
Guijosa paró el partido para devolver las cosas a su sitio. Incluso el Granollers pudo situarse a un tanto de diferencia, pero el muro que había levantado Cupara cada vez tenía menos grietas y Figueras chocó contra él. Un parcial de 4-0 estiró de nuevo la renta, aunque el Granollers no arrojaba la toalla y se mantenía en el partido a pesar del vendaval marista. La primera parte terminó con un 15-11 que certificaba la superioridad sobre el parqué de un Abanca Ademar excelso en todas las parcelas de juego, pero que aún debería dar el do de pecho tras el paso por los vestuarios para defender esa tercera plaza.
Y vaya si lo hicieron. Mantuvieron esa misma intensidad en el segundo acto y en ningún momento acusaron la baja de Vieyra, su máximo artillero, aún lesionado. Tampoco notaron las ausencias de Nacho Huerta y Juanín García, que habían firmado 30 minutos espectaculares. Le había llegado el turno a José Mario Carrillo y Mario López —Guijosa reparte los minutos en los extremos— y respondieron a la exigencia. Como todos.
Nadie escatimó esfuerzos. Ni nadie quería perdérselo. Llegaron a tiempo Gonzalo Carou, un mariscal en defensa, y Juanjo Fernández, un escudero de lujo que se juega el tipo en cada acción. No importa si el encuentro está resuelto. Las lucha todas.
Granollers no era capaz de taponar la hemorragia. Delante, ayer, tenía un miura. Y cuando se abría una puerta Vladimir la cerraba de un portazo. En once minutos el equipo leonés ya había aumentado su ventaja a seis goles (21-15), después de que Rodrigo rompiera el 6-0 vallesano con una de esas acciones marca de la casa. A coraje no le gana nadie.
Leo lanzaba de vez en cuando uno de esos misiles que limpian la escuadra y Juanjo repetía en la siguiente transición con otro zambombazo. Todo salía a pedir de boca. Un auténtico espectáculo. La afición disfrutaba y la conexión con el equipo fue total. El Abanca Ademar era como un martillo pilón y no iba a dejar pasar la oportunidad de dar un puñetazo en la mesa y presentar su candidatura a la tercera plaza. Incluso a la segunda. Ya dijo Guijosa en la previa que él siempre miraba hacia arriba y si ganaban a Granollers llegaría el momento de apuntar hacia Logroño. Otro rival directo que pasará por el Palacio en la segunda vuelta.
No será fácil exhibir la misma fuerza pero hoy es posible alimentar el sueño. Los jugadores y el cuerpo técnico se lo han ganado. Y si no que se lo digan al equipo que entrena Carlos Víver. Acabaron en la lona, arrollados por un ciclón. Al final perdieron por doce goles. Quizá no sea una diferencia real porque Granollers tomó muchos riesgos en defensa en el último tramo del encuentro, pero lo que es evidente es que este Abanca Ademar tiene argumentos de sobra para complicarle la vida a cualquiera. Mucho más en el Palacio, donde el respaldo de la grada electrifica las piernas de los jugadores. Un tándem perfecto.