Diario de León

FÚTBOL. PRIMERA DIVISIÓN

El Barça cae desde lo más alto

Nueve años después del inicio de la crisis en la ‘era Rijkaard’ se repite la historia en un club en el que nadie ha sabido leer la señales de la temida autocomplacencia.

Piqué lamenta una ocasión fallada durante el partido ante el Valencia. QUIQUE GARCÍA

Piqué lamenta una ocasión fallada durante el partido ante el Valencia. QUIQUE GARCÍA

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p. ríos | barcelona

«Miraba cada semana el teletexto, veía que íbamos primeros y parecía que no pasaba nada. Por eso ha habido una falta de reacción». Aquella confesión de Txiki Begiristain, entonces secretario técnico del FC Barcelona, sigue valiendo hoy aunque hayan pasado nueve años desde que el Barça regaló la Liga 2006-07 al Real Madrid cediendo empates incomprensibles en los minutos 89 de dos de las últimas jornadas en el Camp Nou ante el Betis (1-1 de Sobis) y Espanyol (2-2 de Tamudo).

Un año después, el entonces presidente, Joan Laporta, reconoció la temida «autocomplacencia». Sólo hay que cambiar el teletexto, ya en desuso, por las nuevas tecnologías y se podrá comprobar que la historia se repite una vez más. No importaba que el equipo azulgrana estuviese dando señales de soberbia y falta de humildad que nadie leía bajo la protección del tridente. Era el primero de todo y eso impedía cualquier análisis. Pero, a posteriori, con oportunismo y resultadismo, se puede afirmar que Luis Enrique tenía pistas suficientes para evitar el hundimiento que ha dejado al Barça fuera de la Liga de Campeones y que está a punto de volver a regalar una Liga en la que ha sumado uno de los últimos 12 puntos en juego.

El técnico no estaba cegado por el teletexto, pero quizás sí por el GPS que mide el rendimiento de sus jugadores, una herramienta que le sirvió la pasada temporada pero que en la presente debería haber cambiado por una simple mirada a los ojos de cada uno de sus jugadores. Tras superar los temibles meses de enero y febrero, tras el Mundial de Clubes, superando eliminatorias de una exigencia física y psicológica brutal ante Espanyol y Athletic, poniendo distancia de por medio en la Liga, Luis Enrique miró los datos de la máquina y decidió afrontar los últimos meses de competición con su once de gala, más o menos como hizo la pasada campaña a las mismas alturas, pero entonces había hecho más rotaciones hasta esa fecha.

Esta vez ya estaba demasiado claro que Arda Turan y Aleix Vidal, los ‘fichajes’ de enero tras la sanción de la Fifa, no se habían adaptado a tiempo a un estilo muy diferente al de cualquier otro club y que Bartra, Vermaelen, Adriano, Douglas, Sandro y Masip, el tercer portero, ya no iban a contar para nada. Munir sí lo hizo antes, pero no en la fase decisiva. Con Rafinha saliendo de una lesión y Mathieu rompiéndose con Francia, los compromisos de las selecciones fueron la puntilla para el desgaste físico y anímico de una plantilla de trece jugadores: diez titulares, Sergi Roberto como única alternativa a ellos y Bravo o Ter Stegen.

Puede que Luis Enrique, pensando que la calidad de sus jugadores le iba a librar de cualquier crisis, estuviera planteando con sus decisiones un pulso a la directiva por no fichar al jugador que pidió en el mercado de invierno, Nolito, a quien ciertamente es fácil de imaginar en este último mes aportando el desborde que ha perdido el Barça. Pero económicamente era inviable en ese momento, no por la cantidad, sino por unos condicionantes de los estatutos del club.

Que siempre jugaran los mismos no inquietó porque se ganaba, como tampoco se hizo nada por parte del club para impedir los desvaríos en las redes sociales, especialmente con el Periscope de Piqué, o en sus declaraciones del central catalán y Alves, porque al fin y al cabo ellos y sus compañeros seguían ofreciendo un buen rendimiento. Pero la imagen se estaba dañando y se estaba resquebrajando el caparazón de humildad y seriedad que necesita todo proyecto para tener éxito. No ayudó la excursión anual de Neymar al cumpleaños de su hermana en Brasil, bajo la sospecha de forzar una sanción por amarillas, retransmitida en directo baile tras baile a través de Instagram, Facebook, Twitter y lo que haga falta.

Con todo, el Barça mereció ganar al Valencia y a la Real Sociedad por número de oportunidades (o no perder como mínimo) y tanto la eliminatoria europea frente al Atlético como el clásico contra el Madrid pudo decantarse para cualquier lado. La suerte también le ha dado la espalda, como un Karma que le ha abandonado por algunas malas obras. El miércoles, ante el Deportivo en Riazor, otra final. Esta vez sin Piqué, sancionado.

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