Diario de León

Mireia, sirena de bronce en Río

Belmonte estrena el medallero español en Río tras firmar unos espectaculares 100 metros finales Hosszu vuela para pulverizar la plusmarca mundial en los 400 estilos.

Mireia Belmonte, emocionada, posa con la medalla de bronce lograda en los 400 estilos. LAVANDEIRA

Mireia Belmonte, emocionada, posa con la medalla de bronce lograda en los 400 estilos. LAVANDEIRA

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J. GÓMEZ | RÍO DE JANEIRO

Menos de una hora después de colgarse la medalla de bronce, Mireia Belmonte se protegía del aire acondicionado que refrescaba la sala de conferencias de la piscina olímpica. Notó ese aliento artificial y frío en la espalda y se cambió de sitio durante la rueda de prensa que compartió con las otras dos medallistas del 400 estilos, la húngara Hosszu (oro), que pulverizó el récord del mundo, y la estadounidense Dirado (plata).

Mireia se echó a un lado y se abrigó el cuello con la misma mano que, llena de ambición y fe, había estirado en la piscina para culminar su remontada en los 50 metros finales y arrebatarle el bronce a la británica Miley por 15 centésimas, «porque le metí la mano». Ya no pensaba en esa medalla, sino en las que pueden venir. Cinco pruebas por delante. «Aquí hay que olvidarse de lo bueno y de lo malo, y centrarse sólo en el día a día». En no resfriarse, por ejemplo, para la siguiente cita, los 400 metros libres. Mireia y su entrenador, Fred Vergnoux, profesan la religión del perfeccionismo. Cualquier detalle cuenta. Hasta una mano a tiempo. De bronce.

Así que no malgasta tiempo en lo logrado, en los emocionantes 50 metros finales del 400 estilos donde rescató el bronce que parecía perdido. Hosszu, una máquina acuática, se largo desde la salida. Compitió sola con el cronómetro como único rival. La dentellada al récord fue descomunal: de 4.28.43 a 4.26.36. Enterró su fantasma chino. En el tramo de mariposa, Hosszu aventajaba ya en 1.25 a Mireia; en el 100 de espalda, en tres segundos. Mucho. El oro era inalcanzable para la catalana. Y la plata y el bronce también se alejaban. La braza no salvó a Mireia, a la que daban por sentenciada. Al paso por el 300 estaba a más de seis segundos de Hosszu, a 2 de Dirado y a 1.33 de Miley, las tres del podio. En eso, en pleno hundimiento, salió a flote su carácter. Así lo contó: «Cuando me he tirado al agua me he notado un poco rara, algo cansada. Pero al final he visto al alcance el bronce y lo he luchado hasta que no podía más. No notaba más fuerzas en mi cuerpo. Agónico. En los últimos siete metros no he respirado y me he dicho: ‘Que sea lo que Dios quiera’. Y he metido la mano». Le quedaban 100 metros. Un minuto. El del ácido láctico. El que define a los competidores. «En el primer 50 de crol he visto que iba retrasada, pero he decidido luchar y dar lo que tenía. Y mira, bronce», comentó. El segundo 50 fue histórico. Lo cubrió en 0,99 segundos. La mejor en ese tramo, incluso por delante de Hosszu. Al fondo de la calle 5, la que más le gusta, esperaba la medalla. Devoró brazada a brazada el segundo que le sacaba Miley. Y ahí, a siete metros de la pared, metió la cabeza en el agua. Dejó de respirar y, en plena agonía, estiró la mano. Puñetazo de bronce por 15 centésimas.

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