Necesidad culé contra firmeza blanca
Barcelona y Real Madrid intercambian los papeles de hace un año en el primer Clásico del curso, el que acoge el Camp Nou con las primeras urgencias azulgranas de la temporada, a seis puntos del líder merengue.
P. RÍOS | BARCELONA
Hasta 39 partidos oficiales consecutivos encadenaba el Barça de Luis Enrique sin conocer la derrota hasta que el pasado 2 de abril perdió ante el Real Madrid de Zidane en el Camp Nou. Aquel 1-2 no le bastó al conjunto blanco para arrebatar el título de Liga al azulgrana, pero sí le creó muchas dudas. Tantas que acabó siendo campeón por los pelos tras varios tropiezos, quedó eliminado por el Atlético en cuartos de final de la pasada Liga de Campeones y conquistó la Copa con mucho sufrimiento en la prórroga. Podría decirse que la irregularidad actual todavía es una secuela de aquel golpe inesperado.
Ahora es el Real Madrid el que llega al clásico con una serie de 32 partidos oficiales invicto y el Barça no sólo quiere devolverle la moneda por orgullo y rivalidad deportiva. También lo necesita porque se encuentra a seis puntos en la clasificación y en caso de victoria se quedaría a tres y volvería a depender de sí mismo. Y quién sabe si le transmitiría aquellas dudas. Pero si pierde, a 9 puntos de la cabeza, posiblemente adelantado por Sevilla y Atlético, la situación sería más que preocupante.
Queda claro que el Barça se juega más. Lo reconocen hasta los protagonistas que han hablado esta semana. Está pagando muy caros sus dos tropiezos seguidos ante el Málaga en el Camp Nou (0-0) y Real Sociedad, en Anoeta, aunque ese 1-1 fue un mal menor en un partido en el que Luis Enrique confesó que fue «un milagro» no perder.
Pese a que jugaron suplentes y canteranos, el 1-1 copero frente al Hércules no ha ayudado a crear el clima ideal. La pérdida de confianza en el cambio de juego que lideró el técnico asturiano a su llegada al banquillo es evidente. Rakitic y Busquets, dos jugadores esenciales en los éxitos de las dos temporadas anteriores, sufren como nunca con el balón en los pies y hasta Ter Stegen está optando por el pase largo en contra de la orden de tocar desde atrás, en paralelo a la línea de fondo si es necesario, para atraer a los rivales y encontrar espacios para Messi, Luis Suárez y Neymar. Los refuerzos, alabados en verano por su juventud, calidad y proyección, son considerados ahora inmaduros e Iniesta se ha convertido en la gran esperanza.
El centrocampista de Fuentealbilla ha recibido el alta médica tras la lesión de rodilla que sufrió en Valencia hace seis semanas y jugará de inicio salvo sorpresa. La única baja será el defensa francés Mathieu, porque Piqué y Jordi Alba, aunque doloridos por golpes, no se lo perderán por nada del mundo.
Tampoco es que el Real Madrid esté desarrollando un gran fútbol. El Sporting no le empató en la pasada jornada en el Bernabéu porque Cop tembló al lanzar un penalti y su racha de 32 partidos invicto puede ser engañosa porque ha evitado recientes derrotas, especialmente en Europa, gracias a reacciones con más corazón que cabeza. Sí llega avalado por el rotundo 0-3 en el Vicente Calderón, un partido en el que mostró unas virtudes que intentará explotar ante el Barça: intensidad, concentración, pegada de Cristiano Ronaldo. Parece llegar en mejor forma física, en concreto en el centro del campo.