Cristiano Ronaldo y su compañero Karim Benzema apenas destacaron en el Clásico. ALBERTO ESTÉVEZ

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León

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Barcelona 1 Real Madrid 1 Un gol en el minuto 90 del central del equipo blanco evita el triunfo blaugrana y permite al cuadro merengue seguir con seis puntos de ventaja en el liderato

JESÚS BALLESTEROS | BARCELONA

Especialista en levantarse de la lona sobre la bocina, el Madrid sacó un empate del Camp Nou cuando el Barcelona ya saboreaba el triunfo (1-1) y su reenganche a la Liga. Otra vez fue Ramos el héroe blanco, que volvió a volar por encima de la defensa rival en una jugada a balón parado para conectar con todo el madridismo, que se quejaba ya de una derrota quizás injusta y que respira al ver nuevamente al rival a los mismos seis puntos de distancia con los que arrancaba el clásico.

Con Iniesta en el banquillo, la presencia de André Gomes junto a Rakitic pretendía aportar algo de físico a la batalla que se iba a librar en la cocina de ambos equipos. Más físico de lo habitual fue este duelo en el que el Madrid sacaba más rédito a sus piezas. Isco asumía galones en la creación, Kovacic parecía infranqueable por momentos y Modric era el termómetro que le faltaba al Barça. Si bien, era Lucas Vázquez el que más sobresalía. Mostró el extremo un enorme poso de gran futbolista en el juego ofensivo blanco.

Desde la primera jugada del choque en la que reclamó penalti, estaba en casi todas las ocasiones de peligro. Más y mejores para los de Zidane.

Mientras el Barça se mostraba yermo en ataque, el Madrid encontró mejor el camino hacia la portería rival. Ter Stegen evitó un par de ellas con las que la igualdad en el marcador podría haber quedado rota antes incluso del descanso.

Para entender el primero de los asaltos entre los dos grandes de España habría que ser capaz de discernir si lo visto sobre el verde era respeto o miedo. Fina es la línea que separa a ambos sentimientos. Una derrota de los locales dejaba la Liga a merced del Madrid, pero a éste parecía pesarle igualmente el hecho de poder dejar sentenciados a los azulgrana. Un empate en la Ciudad Condal siempre es buen botín debieron pensar los pupilos de Zidane. Aún así, presionó y jugó mejor que el rival y, de haber estado acertado Cristiano, el marcador habría sido otro distinto. Bote salvavidas Ante la ausencia ya crónica de un fútbol fluido (véanse los últimos encuentros), el Barcelona encontró el bote salvavidas en un recurso que no le es indiferente esta temporada. Una jugada a balón parado le daba la inyección de moral necesaria para afrontar un partido que controlaba el Madrid en todas sus facetas.

Pero no fue el gol sino la salida de Iniesta lo que terminó de liberar a los suyos. Regresaba el de Fuentealbilla a los terrenos de juego y el barcelonismo sonreía y respiraba aliviado. Jugó con los tiempos el manchego y permitió al conjunto culé ver el horizonte de forma distinta. Llegaba la mejor versión del Barça en el partido. Neymar, ausente hasta el centro del gol, recuperaba la verticalidad para disfrutar de una de las mejores ocasiones del choque. Erró el brasileño que podía haber sentenciado el partido. Como también pudo hacerlo Messi en los últimos 10 minutos de partido. Gazapos que terminarían siendo determinantes.

Con un mayor control del juego, las estrellas del Barcelona se asociaban con mayor facilidad. Messi recuperaba el desborde ayudado por la omnipresencia de Iniesta. Hasta se atrevió el canterano con una aproximación a la meta visitante.

Los cambios de Luis Enrique aportaban mayor rendimiento a los que venía realizando su homólogo blanco. A Casemiro le costó entrar en la intensidad que exigía el clásico y eso lo pagaba el Madrid en el eje de la medular.

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Si bien, no bajó los brazos el equipo blanco. Nunca lo hace, aunque la ausencia de ocasiones era más que palpable. Benzemá apenas tuvo relación alguna con el balón y Cristiano parecía evadido de su responsabilidad. Al portugués parecía pesarle en exceso unos problemas físicos que viene arrastrando del último encuentro. Si bien, los partidos con el Madrid no acaban hasta que los protagonistas están en el vestuario. Y el internacional portugués tuvo el empate en su cabeza. Sacó Piqué el gol en el remate del luso, pero no pudo ni el central ni nadie el que llegaría instantes después de la cabeza de Ramos, especialista en estas lides.