Remontada para la historia
Messi y Neymar gritan encorajinados. Serían los autores de la mitad de los tantos. QUIQUE GARCÍA
Barcelona 6 Paris Saint Germain 1 En una noche mágica el Barça tumba al PSG, fulminado por un gol de Sergi Roberto en el minuto 95 en la última jugada
JESÚS BALLESTEROS | BARCELONA
Soñó el Barcelona con la noche histórica, imaginó la proeza, la dibujó en cada una de sus jugadas, la tenía grabada a fuego en el corazón. Y llegó, llegó la noche mágica. El partido histórico para el fútbol europeo. Lo nunca visto en la Champions. Un equipo remontando un 4-0 de la ida con un 6-1 para los anales de la mayor de las competiciones continentales. Lo avisó Luis Enrique. Si alguien puede, ese es el Barça. Que le hizo media docena de goles a todo un PSG (los tres últimos en ocho minutos), antagónico eso sí, al que asombró en el Parque de los Príncipes. El sexto llegó de forma épica, agónica, increíble. Con un balón colgado por Neymar y al que llegó Sergi Roberto. El canterano creyó, más que nadie sobre el verde. Como Bakero en Kaiserslautern, así fue la fe del canterano de Reus, para hacer el sexto, el de la goleada que cerraba la remontada épica y que colaba al Barça en los cuartos de final de la Champions. La eclosión vivida en el Camp Nou resonó en cada uno de los rincones del planeta.
Y eso que el gol de Cavani dejó contra las cuerdas al Barça, sumido en el pesimismo, pero emergió sobre todas la figura de Neymar que hizo doblete, marcando un golazo de falta y transformando un penalti. Todo ello a partir del minuto 87. Con cinco minutos de prolongación, quedaba la épica. Y llegó el gol de Sergi Roberto para la fiesta azulgrana y las lágrimas del PSG.
Sorprendió su actitud que, metido atrás, fue viendo cómo pasaban los minutos. Esperando por un lado que la ecuación no le saliese al rival y, por otro, aprovechar alguna de las que iba a tener a lo largo del duelo. Éstas llegaron cuando Emery se percató de que tenía jugadores capaces de crear peligro. Nada que ver con lo visto el mes pasado en el Parque de los Príncipes. Agarrotado, el conjunto de Emery se mantenía agazapado atrás y perdiendo tiempo desde el pitido inicial. Sólo aportó algo con la entrada del argentino y cuando el gol de Cavani sumió a los jugadores de Luis Enrique en el desorden.
Pero el partido (que tuvo de todo) arrancó como en el mejor de los guiones, con gol a los tres minutos. Luis Suárez sacó su sangre charrúa para mostrar al resto de compañeros el camino. Por dónde tendría que ir el partido, la eliminatoria en sí, si la calidad no era suficiente. Fue el inicio de una noche mágica donde el Barcelona entró en la historia con una remontada que nadie había escrito hasta ahora.