Diario de León

Palestra de Nigrita, no tan lejos ni ajena

Uno de los más señeros festivales de la lucha tradicional de los Balcanes sumó su alto interés al proyecto ‘Tradwoc’.

El ‘Baspehlivan’ (maestro luchador) turco Faruk Akkoyun, vencería en el gran festival de ‘Agios Athanasios’ en Nigrita (Grecia). A. B.

El ‘Baspehlivan’ (maestro luchador) turco Faruk Akkoyun, vencería en el gran festival de ‘Agios Athanasios’ en Nigrita (Grecia). A. B.

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A. Barreñada | León

Palestra de Nigrita, en el norte de la Macedonia griega, tarde del pasado domingo en la que se celebraba la festividad de san Atanasio, y su «corro»: una de las más afamadas citas para la lucha «en aceite» practicada en los Balcanes.

Participan en ella luchadores de esa región de Grecia (la única en la que mantiene con fuerza esta tradición) junto a los llegados de las vecinas Bulgaria, república de Macedonia (para no herir sensibilidades se dicen de Scopie), o los poderosos turcos, señores del que para ellos es deporte nacional, el Yagl? güres.

«Pehlivan» es el apelativo para lo que en León se conoce como «gallo» y los bas-pehlivan son la categoría reina. Uno de los mejores del momento, el turco Faruk Akkoyun, sería el gran triunfador de la jornada, llevándose el premio que ronda el salario mensual medio de la zona, y, sobre todo, el impagable honor.

La palestra se sitúa (así sucede en cada lugar que se encuentran) a pie de la iglesia-santuario y un anciano pope se sienta en la mesa que preside la lucha, saluda y «bendice» a los luchadores fieles, de manera que mucho recuerda lo histórico de nuestra propia identidad en los aluches; y no es lo único.

En la noche previa ese mismo lugar había reunido a familias y amigos que compartieron mesa y bailes de tradición, al ritmo sostenido por los romanís o “gitanos” llegados del vecino poblado de Flambouro (donde también hay palestra, aunque hace años ya no lucha) que hacen la música de zurna y dauli (oboe primitivo y tambor grave), los mismos omnipresentes a lo largo de toda la competición, sin cesar su ritmo, el que marca y guía el de la propia lucha y, de manera casi imperceptible para el desconocedor, señala también con sus ligeros tempos variados los pasos de cada fase. Cerca de cuatro horas en el desarrollo para los agarres simultáneos y eliminatorios, tanto de lucha «seca» como la de los cubiertos de aceite, lo que le da especial atractivo y característica para llegar a poner en suelo la espalda del rival... la única «entera».

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