Diario de León

TENIS

Nadal, el extraterreste de la tierra, gana su décimo Roland Garros

Rafa hace historia en París al convertirse en el primer tenista que gana diez veces un mismo Grand Slam .

El tenista balear besa su décima 'Copa de los Mosqueteros' tras imponerse a Wawrinka en la final de París 6-2, 6-3 y 6-1. CAROLINE BLUMBERG

El tenista balear besa su décima 'Copa de los Mosqueteros' tras imponerse a Wawrinka en la final de París 6-2, 6-3 y 6-1. CAROLINE BLUMBERG

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MANUEL SÁNCHEZ | PARÍS

«No volveré a dudar de Rafael Nadal». Escribirlo en la pizarra. ¿Cuántas veces? Diez, por lo menos. Las mismas que títulos de Roland Garros ha ganado el de Manacor (6-2, 6-3 y 6-1). Y los que quedan, porque la superioridad del balear en la arcilla de París no parece tener fin. Ni siquiera Stan Wawrinka, el hombre de las finales, el que no había perdido nunca en el último partido de Grand Slam, fue capaz de poner algo de resistencia ante un Nadal lanzado a su destino. El balear logró la ansiada décima al derrotar a Wawrinka por 6-2, 6-3 y 6-1 y se convierte en el primer tenista en la historia en conquistar diez veces el mismo torneo de Grand Slam. Ese honor solo podía llevar su nombre.

Una estatua, el nombre de la pista central en el Conde de Godó o el mural con su cara que las gradas de la Philippe Chatrier exhibieron al término del encuentro, todos los homenajes se quedan cortos con las hazañas del chico de 31 primaveras, que hace años decidió cambiar el fútbol por empuñar una raqueta. Pero seguro que aquel chico de Manacor, que era entrenado por su tío, no podía ni soñar con hacerse con diez torneos de Roland Garros. La mirada de aquel niño se transforma al llegar a la central de París.

Nadie ha vencido a Nadal en una final en París, y esa historia pesó en los hombros del helvético desde el principio. Empezó nervioso Nadal. Jugó muy previsible y sin agresividad en los cuatro primeros juegos, los únicos que dieron esperanza a Wawrinka. El suizo dispuso de una bola de ‘break’ en el tercer juego, la salvó Nadal con un «¡Vamos!» que resonó en toda la pista. Tuvo cuatro oportunidades de romper el manacorense en el cuarto juego, pero el suizo se repuso. 2-2 y Nadal había cometido ocho errores no forzados. No volvió a hacer uno en el resto del set. Nadal sabía que no podía dejar entrar en juego a Wawrinka, y que, si este se calentaba, podía despertar a una bestia que arrasaría a base de golpes ganadores.

El balear jugaba alto y variando los ataques tanto a la derecha como al revés, para impedir que cogiese el ritmo. Si el suizo golpea tres reveses seguidos es letal. Nadal no le dejó. Aguantó su saque (3-2) y aceleró para romper el de Wawrinka en dos ocasiones y firmar un primer set casi impoluto (6-2). La calma del campeón Le maniató, le desesperó y le obligó a no ser él mismo. Nadal lo tenía donde quería, y lo hacía con una tranquilidad inhumana. Mostraba pocas emociones, como guardándose todo para el festín final. Ni los gritos desde la grada que le recordaban lo cerca que estaba el título le perturbaban.

El balear comenzó el segundo parcial imponiendo su ley, se apuntó los tres primeros juegos del set con un saque perfecto y el control total desde el fondo; ya sin los nervios del principio se atrevía a golpear en carrera. La décima estaba a un set. Volvió a repetir la receta, le rompió desde el principio y aguantó los aislados envites para doblegar al suizo. El momento más deseado llegó en el séptimo juego del tercer set. Con 30-40 sobre el saque de Wawrinka, el suizo golpeó una volea defectuosa y Nadal se lanzó con los brazos extendidos sobre la tierra de París.

El palmarés de una leyenda

A los diez de Nadal en París, se suman otros cinco grandes, dos Wimbledon, dos US Open y un grande en Australia. Además tiene 30 Masters 1000, un oro olímpico, 18 ATP Masters 500, 9 Masters 250 y 4 copas Davis.

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