BALONMANO. liga de campeones
Los sueños están para acabar cumpliéndose
El ademarista Simonet empezó en el balonmano a los 8 años con un sueño: jugar la Champions. Con 31 por fin lo consiguió.

Simonet feliz tras lograr el gol más bonito del partido: un gran fly a pase de Jaime. JAVIER QUINTANA
georgino fernández | león
«No fue fácil, pero los sueños están para cumplirlos. Del playón al Palacio en la Liga de Campeones». Pocas horas antes del partido de Champions del Abanca Ademar ante el Kadetten suizo, el argentino Sebastián Simonet escribía este mensaje en su cuenta de twitter y lo ilustraba con una foto suya, de niño, cuando empezaba a jugar al balonmano en su Buenos Aires natal.
Hoy tiene 31 años y han pasado casi veinte de esa imagen de niño, jugando al aire libre. Desde que empezó su sueño era jugar algún día la Liga de Campeones; la mejor competición del mundo, donde están los mejores talentos del balonmano.
«Para mi es un sueño jugar esta competición por eso el del Kadetten para mi no era un partido más», comentaba ayer sientiendo todavía el regusto feliz de ese debut soñado. El del Kadetten era para él, el partido, sin más añadidos. No hacía falta tampoco. «Para un argentino jugar la Champions y en un equipo como el Ademar es muchísimo. Pensé incluso que me iba a retirar del balonmano sin jugarla, era un sueño desde chico y por fin pude cumplirlo».
Tal vez por eso, cuando sonó la bocina en el agónico final ante los helvéticos, Simonet se arrodilló unos segundos sobre la pista mientras sus compañeros saltaban y se abrazaban de alegría en el centro del Palacio. «Fue un cúmulo de todo —recuerda— un alivio porque acabó con victoria y un festejo personal de alegría. No fue por dedicárselo a nadie; me retiré, grité y fue mi pequeña celebración por ese sueño cumplido».
El suyo tardó nada menos que 23 años en verlo convertido en una realidad. Comenzó a practicar balonmano con ocho años y ahora, con 31 ya cumplidos, aquello que imaginó en su cabeza de niño terminó siendo real. Y como la diosa Fortuna le debía algo le deparó además uno de los mejores partidos que ha hecho vistiendo la camiseta del Ademar. Simonet fue una pieza clave en el triunfo (29-28) ante los suizos. «Y ahora no me conformo únicamente con eso, tenemos que intentar pasar de esta fase de grupos. Es el objetivo».
Ayer de nuevo echó un vistazo a esa foto de niño con camiseta roja y blanca, jugando en el ‘playón’ como denominan los argentinos a esas canchas al aire libre donde se pueden practicar un buen número de deportes. «En esa época, cuando yo empezaba, el noventa por ciento de los clubes no tenían un pabellón cerrado, las canchas estaban a la intemperie. Ahora ya hay muchas más canchas cerradas pero entonces... si llovía jugabas algo sobre la pista mojada pero no mucho porque podía resbalar y acabar en Cuenca».
Aunque Sebas Simonet tenía subrayado en rojo en su calendario particular ese partido ante el Kadetten, el estino estuvo a punto de jugarle una mala pasada. Una lesión muscular en su pierna derecha al inicio de la temporada estuvo a punto de mandarle al dique seco. «Aguanté todo el partido. Llevaba tres semanas sin entrenar y sin correr mucho y no lo tenía muy claro. No sabía si tendría el ritmo suficiente para estar en el partido». Pero sus ganas dinamitaron cualquier problema físico. Dirigió al equipo con acierto y colaboró con cuatro goles, incluido un fly espectacular a pase de Jaime. A sus 31 años, Simonet cumple su segunda campaña en el Ademar. Termina contrato. «Pero me encantaría seguir aquí», añade raudo.
Empezó a jugar con ocho años. «Más que nada porque mis padres jugaron ambos al balonmano». Sus progenitores fueron internacionales con la selección argentina y tanto a él como a sus otros dos hermanos Pablo y Diego les alentaron siempre a que hicieran deporte». De hecho en esa edad también practicaba fútbol (obligado siendo argentino) y natación. Luego se decantó por el balonmano aunque es un seguidor declarado también de otros deportes como el tenis y del baloncesto. Es buen amigo de Facu Campazzo, base de la albiceleste y actual jugador del Real Madrid de básket.