Diario de León

Lidia se cuelga el oro en arrancada, dos tiempos y total olímpico con solvencia

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MIGUEL ÁNGEL TRANCA | LEÓN

Pasaban apenas unos minutos de las tres de la madrugada hora española y Lidia Valentín subía al estrado junto al resto de candidatas a la gloria en el Mundial de halterofilia. Para la de Camponaraya ese ritual es ya una parte consustancial de su presencia en la alta competición. También que los focos se fijaran en ella. La gran favorita para subir a lo más alto del podio en la categoría de 75 kilos.

Lidia supo jugar sus cartas. Dejó que el resto de rivales fueran subiendo al tapiz. La primera con 94 kilos como reto. Un peso que a la berciana le resulta ya insignificante. Media hora de espera iba a valer la pena. En ese tiempo todas sus rivales habían hecho acto de presencia. Y también habían completado su actuación. La más cercana, la ecuatoriana Neisi Dajones que en su tercer intento levantaba 108 kilos. Fue el preludio de la puesta en escena de la haltera de Camponaraya. Su primer acto tenía un nombre, 110 kilos. Si lo lograba ya tenía el oro asegurado en arrancada. Y como una campeona Lidia cumplía. Se le veía segura y poderosa y así lo demostró superando la primera barrera. Las otras dos también se iban abajo ante su solvencia. Daba igual que la medalla plateada estuviera su poder. La berciana quería más. Primero sobre los 115 kilos que cumplimentó sin problemas. Y luego con los 118 que cerraban su actuación.

El siguiente turno para Lidia eran los dos tiempos. Otra prueba de fuego que saldaba demostrando que a día de hoy es la número uno y no tiene rival. Como sucediera en arrancada Lidia también iba a esperar su momento. Sentada y concentrada miraba de reojo a la japonesa Kamiya, primera en hacer acto de presencia con 117 kilos. Luego a la canadiense Bauchemin-Nadeau y a la mexicana Garza. Sus intentos merodeando los 120 kilos no eran atractivos para la leonesa que se había fijado en torres mayores. Sólo la ecuatoriana Dajones, la mexicana Fuentes, la norteamericana Arthur y la francesa Nayo Ketchanke iban a coincidir con ella en el tapiz. Pero muy poco porque Lidia, con 130 kilos como primera reválida, pasaba a los 135 al que ninguna rival iba a optar (Nayo Ketchanke fue la que estuvo más cerca con 134). Si lograba superar esa marca tenía también asegurado el oro en dos tiempos y sin duda también el título mundial en total olímpico (la suma de arrancada y dos tiempos). Lo logró y de paso mataba dos pájaros de un tiro. Así, se hacía con dos nuevas medallas para completar el tridente de preseas doradas con 258 kilos en total.

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