BALONMANO | LIGA ASOBAL
Bálsamo con el agua al cuello
Abanca Ademar 30 - Valladolid 28 / El Ademar rompe su mala racha con una apurada victoria ante el Valladolid en un partido donde pasó de la excelencia a desfondarse

Costoya firmó una gran primera parte en el derbi. JESÚS F. SALVADORES
georgino fernández | león
El de ayer era el derbi de las urgencias para el Abanca Ademar. Después de dos derrotas consecutivas —Benidorm y Logroño— necesitaba de forma apremiante una victoria para volver a cogerle el pulso a la liga y mantenerse en la puja por el subcampeonato que es su gran objetivo en la Asobal. Los hombres de Rafa Guijosa necesitaban ese bálsamo y lo tuvieron. Derrotaron (30-28) al Valladolid aunque mostrando una imagen bipolar que a punto estuvo de costarles muy caro.
El Abanca Ademar fue ayer Jekyll y Hyde en su máxima expresión. Tuvo dos caras bien distintas: una primera donde rozó la excelencia con un nivel de eficacia brutal y dos estiletes como Costoya y Juanín (quince goles entre los dos) que destrozaron el sistema defensivo pucelano y una segunda donde pareció agotárse por completo la gasolina y dio síntomas claros de cansancio y desfondamiento.
Los números ilustran bien a las claras el rendimiento del equipo marista. Se fue al descanso mandando en el marcador con un claro 21-14. Terminó mirando el reloj de forma agónica con un 30-28 a su favor. Mientras los hombres de Rafa Guijosa hacían nueve dianas en la segunda parte los de Nacho González sumaban catorce. De hecho, fue ese amplio colchón de la primera mitad lo que les permitió vivir de las rentas y poder sumar dos puntos al final.
Ese fue el guión de un derbi que aunque no tuvo el color de antaño en las gradas volvió a poner de manifiesto que la Liga Asobal gana con los enfrentamientos entre Ademar y Valladolid.
Y fue precisamente el jugador que más derbis lleva a las espaldas, Juanín García, el que se encargó desde el inicio de marcar territorio cuando apenas habían pasado tres minutos. De su brazo y de una contra —ADN ademarista alcien por cien— salió la primera brecha en el marcador: 3-1cuando no habian pasado ni tres minutos.
Si una palabra define el arranque del Aemar es eficacia. Incluso una eficacia brutal. Seis dianas de los primeros siete lanzamientos. Con 6-2 en cinco minutos el técnico pucelano decidió que ya había visto bastante y decidió cortar la inspiración leonsa con el primer tiempo muerto del partido.
Es un arranque donde las defensas en 6-0 por la que apuestan ambos no terminan de ajustarse. Mandan los ataques. Y ahí brilla Costoya desde el lateral. El avilesino está on fire y con su cuarto gol el Ademar dobla ya a los pucelanos: 8-4. Los leoneses castigan cada error en el pase del Valladolid con contras eléctricas y se velocidad —las piernas todavía iban— pone en evidencia varias veces el repliegue defensivo pucelanos que ganan en físico y kilos pero no en velocidad.
En esos momentos el derbi es un paseo triunfal marista. El ataque del Atlético Valladolid no fluye y apenas tiene continuidad, insisten en la conexión con el corpulento pivote Serdio pero Carou y compañía cortan casi todos los balones y tampoco llega juego a los extremos.
Se mantienen en el partido por la decisión y el acierto en el lanzamiento de su primera línea: Río, Roberto Pérez (máximo artillero al final con ocho dianas) y Adrián baten repetidamente a Cupara que no se entonó en la portería hasta la recta final de un primer tiempo que terminó con ventaja del equipo leones 21-14.
La seunda tuvo un arranque más sosegado. Estaba claro que era imposible mantener esa velocidad y ese nivel de acierto. La bajada de revoluciones le vino mejor al Valladolid recortó la brecha y su juego ofensivo dejaba mejores vibraciones.
El 26-22 cerca del ecuador del segundo tiempo deja claro que el guión ha cambiado. El ataque del Ademar no carbura igual y sus piernas tampoco. El peso del ataque lo desvían ahora al pivote Abel Serdio que hace valer sus más de cien kilos. La primera línea conecta repetidamente con él (firma seis goles) y la renta del Ademar sigue mermando. A pocos minutos del final se llega a un peligroso 29-27 con Nacho Biosca en la portería leonesa por Vladi Cupara. Para poner peor las cosas los árbitros excluyen a Juanjo Fernández —clave en defensa— para lo que queda de derbi. Todo pintaba mal y ahí surgió la figura salvadora de Biosca que primero detuvo un uno contra uno determinante a Fernando Hernández y poco después le paró un penalti a este mismo jugador. Fueron dos intervenciones decisivas para amarrar un triunfo muy sufrido pero triunfo al fin y al cabo.

Con sus siete tantos el extremo Juanín García, que acabó lesionado, fue ayer pieza clave en la victoria del Abanca Ademar en el derbi ante el Atlético Valladolid. JESÚS F. SALVADORES