Diario de León
Publicado por
Manuel Moreiro. exentrenador
León

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Dicen las crónicas periodísticas que la Cultural y Deportiva Leonesa ha sufrido este pasado domingo una debacle histórica, una hecatombe jamás vista por León con el club insignia de su fútbol local, el que representa a la ciudad y a otra entidades de diverso calado: Región leonesa, leonesismo, provincia leonesa. Que si tiene el mayor presupuesto, o uno de los dos mayores, de la categoría (la tercera del fútbol patrio, a la que se denomina oficialmente Segunda B —para los súper optimistas, Primera C—) que si hay un maravilloso proyecto deportivo/económico/social para el club y para todo León por parte de la Academia catarí Aspire; que si en un par de temporadas el equipo culturalista debería reafirmarse en la segunda división del fútbol español y, por qué no, intentar luego el salto a la primera categoría; que si hay mimbres y canasto en la ciudad —y en la zona— para elevar a los blancos al nivel de los elegidos por el olimpo del balompié.

Histórico es que en el casi centenario sendero transitado por la Cultural únicamente se culminó cima en la temporada 1955-56, resultando último equipo de la Primera y ostentando el peor bagaje de cuantas plantillas han competido en la máxima categoría del fútbol de España. O de los peores. En la Segunda División tampoco es mejor el currículo, siendo en la tercera clase donde puede sacar pecho como club/equipo señero, puntero en el pelotón de los torpes para corresponder a la histórica proclama del legendario gamo de Dublín, extremo por la izquierda de la «delantera de fuego» del Athletic Club de Bilbao, el ínclito Piru Gaínza, cuando, alineado en su equipo frente a los de León, azuzó a la afición culturalista en el flamante campo de La Puentecilla gritándoles lo de «¡tercerolas, tercerolas!».

Muchas y sanas intenciones que albergaron tantas directivas por llevar a la Cultu a lo más alto posible en esto del fútbol —algunas traspasando a los jugadores franquicia que, con algún refuerzo, bien hubiesen llevado a la Cultural a transitar por la división del honor futbolero, allá por los setenta del siglo XX— no terminaron por cuajar, ni aún con la excelente campaña futbolística de hace dos temporadas —incluido ascenso impoluto a la división de plata—, para revertir el éxito en la siguiente y regresar a la vereda de la mediocridad, de la insipidez, de la atonía. A pesar del que interpreto encomiable esfuerzo de los actuales propietarios del club (Academia Aspire) con su triple propuesta: la Cultural en Segunda, el filial (Júpiter Leonés) en Segunda B, y el juvenil en la División de Honor; no se ha conseguido nada, salvo ese fugaz y acedo paso del primer equipo por Segunda.

Suficientes son los espejos donde reflejarse el día de hoy, de?sde el Eibar al Numancia y aún más. Pero es de justicia pedir a la sección deportiva de la Cultural que no desilusionen con tanta saña y afición a los culturalistas del éxodo, a los leoneses que habitamos los madriles y otros lares, y mucho menos a los fieles seguidores que enfatizan los supuestos valores de la Cultural cada jornada de fútbol.

Pudiera ser posible.

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