Hamilton pone orden en el Mundial

ADRIAN R. HUBER
Lewis Hamilton (Mercedes) reforzó su liderato en el Mundial de Fórmula 1 al imponerse en el Gran Premio de Hungría, último antes del parón estival y en el que relegó al segundo puesto a Max Verstappen (Red Bull), que había salido desde la ‘pole’, dos por delante de él, y al que rebasó en la antepenúltima vuelta.
Hamilton logró su octava victoria de la temporada, amplió a 81 su relación de triunfos en F-1, colocándose a diez del récord histórico de Michael Schumacher, y elevó a siete su propia plusmarca de éxitos en Hungría, antes de irse de vacaciones apuntando a un sexto título que lo dejaría a sólo uno del ‘Kaiser’. En una carrera en la que Vettel (Ferrari) fue tercero y en la que el español Carlos Sainz (McLaren) igualó su mejor puesto del año, al acabar quinto.
El inglés firmó una brillante carrera ante un no menos estelar Verstappen; y resarció a su escudería, después de que a ésta se le aguase por completo, el domingo anterior y en su circuito, el GP de Alemania. Donde Mercedes sólo pudo ‘festejar’ sus 150 años en el automovilismo y su Gran Premio número 200 en F1 con un noveno puesto del espectacular y excéntrico campeón de Stevenage; y la retirada en la lluviosa Hockenheim del finés Valtteri Bottas.
Verstappen salió bien. El holandés contuvo el ataque en la primera curva de los Mercedes, que intercambiaron posiciones, al rebasar Hamilton a Bottas. Por detrás Charles Leclerc (Ferrari) había rebasado a su compañero alemán y a Bottas, que tras un desafortunado arranque de carrera, completó otro día para el olvido. Por su parte, Sainz completó otra jornada sobresaliente, en la que igualó su mejor puesto del año, repitiendo el quinto de hace una semana en Alemania.
En cuanto a la lucha por el podio en la vuelta 49 se produjo el momento decisivo: Lewis puso medios y salió a 20 segundos; pero comenzó a recortar a razón de segundo por giro. Verstappen sabía que si entraba a garaje saldría a la pista por detrás del astro británico. Así que lo único que podía hacer era intentar resistir hasta el final; difícil tarea, con las gomas desgastadas, ante un súper-depredador como el inglés, que lo adelantó a tres vueltas para gritar por octogésima primera vez bajo la bandera a cuadros.