Secuelas tras una intensa batalla
En el otro lado de las grandes hazañas casi siempre llora algún que otro damnificado. Raúl desaparecía del campo con un problema muscular que de momento no se sabe bien en qué quedará. La importancia del madridista en este torneo venía siendo más que simbólica. Sus tres goles, y, sobre todo, su alto nivel de juego estaban representando para España el liderazgo que ha fallado en otros compromisos estelares. No son raros estos contratiempos cuando se trata de disputar partidos cada cuatro días. Y ahora quizás haya que preguntarse por la conveniencia de su participación el día de Sudáfrica. Bien es verdad que nadie actúa a sabiendas, ni con una carta astrológica en la mano, y, de haberlo sabido, es seguro que Camacho hubiera privado a Raúl del sobreesfuerzo. El asunto inaplazable es adivinar el porvenir de esta selección, cuyo mejor síntoma era precisamente la voluntad y el carácter que parecían contagiados del delantero. Una cosa es obvia: a medida que pasan los días, la recuperación de los participantes se va convirtiendo en una faceta a cuidar con enorme diligencia. Los entrenamientos, las estrategias, todo eso que tiene que ver con la cocina previa de los equipos caen en un segundo plano, porque es difícil mejorar sobre la marcha lo que ya debería ser herramienta asumida y casi mecánica. Aspectos como la alimentación, y todo lo relativo a la preparación invisible, como el descanso, empiezan, o deberían empezar, a ocupar un lugar preferente en la agenda de los responsables de la selección. Lo bueno o malo que se tenga que decir futbolísticamente ya está dicho o por lo menos esbozado. Lo que queda es corregir desviaciones, limar incongruencias, y, fuera de esto, prever toda clase de adversidades que puedan desamparar a los hombres fundamentales. En un Mundial no debe dejarse ningún aspecto, por intrascendente que pueda parecer, al criterio del azar o a la oportunidad de la improvisación. También se ganan torneos por los escrúpulos científicos de un fisioterapeuta o por las recomendaciones a veces exigentes o incomprensibles de un médico. Y ya no digamos cuando estas inciden directamente sobre la salud de quienes la necesitan para dar lo mejor de sí mismo.