Los bufones depurados
Los árbitros son al fútbol más o menos lo que los bufones a las comedias de nuestro siglo de oro: personajes marginados e inoportunos cuya misión ácida o desmitificadora estaba siempre al alcance de los nudillos del señor. Cuando hay que justificar las propias miserias siempre resulta fácil acordarse de ese espectro sobrante y ridículo que sopla un pito y dice impartir justicia con él. Uno nunca se preocupó ni poco ni mucho de los árbitros, tan es así que jamás logré recitar más de dos nombres seguidos. A diferencia de los países fríos y racionalistas, en los viscerales los despropósitos arbitrales suelen ocupar un lugar destacado, tal vez porque en las tierras cálidas hay una mayor propensión al escarnio y a la búsqueda de chivos expiatorios. La reacción de los italianos tras su eliminación contra Corea confirma todo esto que digo. Y las mismas quejas vertidas por Camacho por los presuntos desaguisados de Anders Frisk el día de Irlanda tampoco me desmentirán. Cuando Italia clama contra este o aquel árbitro está negando la mayor y es que su fútbol necesita una revisión para ser refundado en un estilo más moderno que no sea un fraude para el aficionado ni un camelo para ellos mismos. ~Reducir este deporte a la trascendencia de esas consignas es convertirlo en una comedia de bufón, no de Lope de Vega.