Diario de León

Redondo firma para ocupar la plaza vacante en la delantera del equipo leonés

La Cultural apuesta al nueve

A primera vista, José Manuel Redondo cumple los parámetros físicos de cualquier jugador de campo excepto el de un ariete convencional. Pero la Cultural, confiada en un

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A. Caballero Redacción - LEÓN.
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Cualquier jugador que pone los pies en León para jugar a la orilla del Bernesga sabe que es lo que se le va a pedir. El club canta, desde los números de su presupuesto hasta las intercesiones municipales, que el ascenso es prioritario. De urgencia histórica lo cataloga el consejo de notables. Por eso, José Manuel Redondo era rotundo ayer a la hora de descifrar la intención que le lleva a vestir la camiseta culturalista. «Es un equipo que siempre lucha para meterse en la liguilla e intenta el ascenso, eso es lo que me ha hecho venir», manifestaba el jugador madrileño, sentado a la derecha de Antonio García de Celis, presidente de la entidad, que no dudó en catalogarlo de «apuesta del club». Poco dice de sí la primera imagen de Redondo, 1,70 metros, hombros anchos, piernas como palancas y espalda compacta para embate de los centrales. En la tabla de clasificación de los delanteros convencionales comparte cualidades con el ratón de área y el tanque desgastador. No es ni Raúl Borrero ni el gaucho Leo Iglesias, ambos desechados por el cuerpo técnico culturalista, sino todo lo contrario. «Soy un hombre de área que hace goles. También tengo llegada», decía a modo de tarjeta de presentación tras autodiseccionarse como futbolista. A sus 26 años, sus números trasciende la apariencia. Goleador contrastado en el equipo nodriza del Zaragoza, sus más de 40 goles en las temporadas que estuvo donde reina la Virgen del Pilar le llevaron al Racing de Ferrol. En el equipo gallego no contó con los minutos deseados la temporada pasada. Ahora, baja un escalón, pero mirando hacia arriba. «Mi objetivo prioritario es jugar en Segunda», dice seco cuando se le insinúa que camina hacia atrás en su carrera futbolística. El jugador, que se destapó en el San Sebastián de los Reyes antes de coger la nacional II para acomodarse en Zaragoza, firma por dos años y comparte competencia con Fran y Raúl Ibáñez (al que parece que Álvarez Tomé prefiere como jugador de segunda llegada), toda vez que desde la dirección deportiva se busca una salida a Irazusta, que llegó en el mes de diciembre de la pasada temporada 2001-2002. Sobre el cuaderno, la Cultural ya ha dado nombre a la gente que debe llevar los goles a la portería contraria. El interrogante se centra en estos momentos en la parcela de construcción, en la sala de máquinas, una factoría que la campaña jubilada demostró bastantes altibajos. A esta inestabilidad puede contribuir la posible salida de Carlos Rivera. El cordobés no cuenta con el beneplácito de Álvarez Tomé, que vería con buenos ojos su salida y a la vez contaría con una ficha para otro futbolista. Más o menos como Ángel Mata el verano pasado.

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