Diario de León

VUELTA CICLISTA A ESPAÑA 2002

Próximo objetivo, Armstrong

Si hay algo que llama la atención en el ganador de la Vuelta a España es la ambición sin límites que ha tenido durante toda la carrera. Aitor González era el tapado de Kelme, el corredor con el que podían dar la sor

Aitor González y Heras charlan a la hora del podio; la crono fue decisiva

Aitor González y Heras charlan a la hora del podio; la crono fue decisiva

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Benito Urraburu - MADRID.
León

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«Me gustaría impedir que Lance Armstrong ganara su quinto Tour, pero hay que ir paso a paso». Habla Aitor González, cuando se le plantea la opción de crecer más y más. A los 27 años de edad, en su primera Vuelta a España, en su tercera carrera de tres semanas, la primera fue el Tour del año pasado y la segunda el Giro de Italia de este año, ha logrado el triunfo de toda una vida. Vivía en Urretxu, Guipúzcoa, y a los 11 años, la familia decidió buscar un futuro mejor y se trasladó a Alicante para montar una granja de conejos: «Es una sitio que está entre Alicante y San Vicente del Raspeig. Para montar una granja hace falta terreno rural, en zona urbana no se puede«. La afición a montar en bicicleta la heredó de su padre, que llegó a ser campeón de España de veteranos: «Salía con él los domingos, más que nada a dar paseos, para luego almorzar. Luego pasó lo típico en éstos casos. Hicieron una carrera en San Vicente del Raspeig, la gané, me gustó y me acabaron liando«. «No soy como dicen» Empezó en esa localidad, en la categoría de escuelas. Luego se fue a Elche, en cadetes, con el C.C. Elche. Más tarde corrió en juveniles, con el equipo Gisbert, que dirigía Vicente Giner. «Estaba gordo, pero en juveniles llegué a ganar once carreras, todas planas. Sólo gané dos o tres de media montaña en el mes de agosto, que era cuando estaba más fino. Si no afinaba no subía nada. En Alicante, la gente se cree que no hay cuestas, pero la verdad es que hay unos repechos que te matan». El equipo Sys sería su primera formación de aficionados. Estuvo con ellos dos temporadas. Correría un año en el Caja Rural navarro de Óscar Guerrero, «del que guardo un gran recuerdo». Más tarde pasó a los aficionados que dirige Paco Moya y «a mitad de temporada me pasaron a profesionales. Llegué con esa condición y firmé con el Avianca, que era filial de Kelme. Me estaba costado pasar y de repente dí el salto a profesionales sin querer». Había sido en dos ocasiones campeón de España contrarreloj de aficionados, una por delante de Alberto Martínez y otra de Paco Mancebo. Aitor González no tienes término medio en el pelotón. Unos hablan muy bien de él y otros muy mal. «Pregúntale a Guerrero. Prefiero morderme la lengua para no decir muchas cosas, pero no soy como algunos dicen».

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