Josines, el último peñista del Ademar
BALONMANO | LIGA ASOBAL. Este paramés que lleva tatuado al equipo ademarista en su cuerpo ha fundado varias peñas en el club a lo largo de los años, pero hace ya tiempo que se quedó solo con su bombo y su altavoz

Josines, el último peñista del Ademar
Lo suyo con el Ademar es una historia de «amor incondicional» que empezó hace muchos... demasiados años, antes incluso de los tiempos de gloria, cuando el Palacio arrastraba a las masas y a los entonces imberbes, sus mayores, les metían en vena el balonmano con la promesa de que algún día -más pronto que tarde- iban a ver levantar un título de los gordos que ni el fútbol, ni el baloncesto podrían igualar. José del Ganso (Santa María del Páramo, 1984) que en realidad solo responde al mote de ‘Josines’, fue uno de tantos chavales que soñaron despiertos durante una década, la de los 2000, prodigiosa. Fundó numerosas peñas ademaristas, pero las vacas flacas -y la dejadez de algunas directivas- le fueron dejando más y más huérfano de gargantas. Hoy es fácil identificarle en las gradas. Le acompañan su bombo y un megáfono. Es el último peñista.
«A mí me encanta animar, no concibo ver un partido del Ademar y quedarme simplemente sentado. Somos una afición muy fría, no me frustra estar solo, aunque echo de menos más apoyo», señala este leonés con los 40 ‘recién puestos’ que llegó a militar en las categorías inferiores del cuadro marista -en el juvenil- y que cuando aparca su instrumento trabaja en el servicio de limpieza de su localidad natal al tiempo que entrena al equipo sénior del Paramés. «Son casi tres décadas sintiendo a este club. Para mí el Ademar supone respeto y compromiso», insiste. No ha perdido la pasión. Quizá ese sea su secreto.
Sabe cómo encender los ánimos del respetable desde el silencio y sin esperar nada a cambio. Lee los partidos, entiende cuándo es el momento de dar el do de pecho. «El balonmano en España no está en decadencia, quizá sí haga falta más trabajar desde el club para incentivar el espectáculo igual que ocurre en otras Ligas, donde el antes y el después importan tanto o más que el durante».
Culpa, en parte, a la actual cúpula de cierta dejadez en lo que a las políticas sociales se refiere. «No incentivan que la gente viaje con el equipo. También he tenido reuniones con ellos donde me prometieron que traerían a universitarios para animar, pero al final nada cristaliza».
Entiende que la «bajada de nivel» del Ademar ha influido en que falte gente en el pabellón municipal así como las «erráticas» medidas que se toman en ocasiones. «Debería ser obligatorio que los jugadores de la base fueran a los partidos del primer equipo. Falta compromiso. Si desde abajo no se implementa, mal vamos». Él se ‘enganchó’ a finales de los 90, al poco de empezar a practicar el balonmano.
Ya como peñista se dio a conocer entre 2003 y 2004 dando vida a la peña de Héctor Castresana. Luego llegaría ‘Ademar con garra’, «que tenía una veintena de miembros y duró más o menos hasta 2010» y con la crisis que a punto estuvo de fulminar al club se convirtió en uno de los fundadores de ‘SOS Ademar’. «Implicamos a empresas, socios, entrenadores...», rememora. Más tarde nacía ‘Grito Ademarista’.
Ahora sobrevive como soldado de fortuna y si te lo encuentras quizá, puedas acompañarlo.