Diego Peláez: «Me voy con pena del Atlético Astorga porque confiaba en seguir y no me esperaba este adiós"
Creció en un Palacio, el de Gaudí, en el que soñaba con ser algún día el Príncipe del club de su ciudad, el Atlético Astorga. Pero Diego llegó a más, se convirtió en un rey, el de los aficionados que disfrutaron de su fútbol. Un recuerdo que es la historia de los éxitos de un equipo que lleva grabado a fuego en su corazón y del que ya no vestirá más su camiseta

El capitán del Atlético Astorga, Diego Peláez, saluda a Sergio Ramos en el partido de Copa del Rey frente al Sevilla.
Presente en buena parte de los momentos más importantes en la historia del Atlético Astorga, Diego Peláez (Astorga, 1988) ya no correrá más por la banda de La Eragudina con el escudo de su club. Tras una temporada que no ha sido la mejor y un adiós que no esperaba, se va sin hacer ruido, tal vez algo triste por no haber tenido la oportunidad de haberse despedido sobre el terreno de juego o incluso alargando más su idilio con el escudo de sus amores en la Segunda Federación. Considera que con 37 años aún le quedaba alguna pincelada que dar sobre el lienzo del Astorga. Y de oír los vítores que siempre han jalonado su talento sobre el césped.
—Llegó el adiós definitivo al Atlético Astorga como jugador. ¿Te lo esperabas?
—La verdad que esta temporada ha sido difícil en el plano deportivo, tal vez el entrenador no creyó en lo que podía ofrecer confiando más en otros jugadores, que lo entiendo. Pero el fútbol es así de complicado y este año no he podido tener, por unas cosas u otras, la continuidad que hubiera sido necesaria. Eso sí, yo me veía con fuerzas para seguir, pero el club ha pensado que no, y lo acepto. Para mí, no voy a negarlo, ha sido una desilusión grande, pero ante todo me quedo con los buenos momentos, que han sido muchos, que he vivido en mi club, porque creo que puedo considerarlo una parte de mi vida.
—Nadie puede negar que si hay que hablar de jugadores que han dejado su impronta y que han sido santo y seña de un club, el de Diego hay que escribirlo con letras mayúsculas.
—Yo no soy quien para decir eso, porque por el Atlético Astorga han pasado jugadores muy buenos. Yo, en mi modestia, he intentado darlo todo. Porque para mí este club es todo.
—Un jugador de la casa que empezó con 17 años y que salvo dos temporadas en el resto nunca ha defendido otro escudo que no sea el del Astorga.
—Recuerdo todavía cuando de juvenil Miguel Ángel Miñambres confió en mí para formar parte del primer equipo. Y hasta ahora. Tenía 17 años y ahora cuento con 37. Eso sí, la ilusión es la misma, Soy de Astorga y del Atlético Astorga. Han pasado muchos años, momentos buenos, otros no tantos y hasta malos. Pero es que este club ha sido tan especial para mí.
—Hablando de esos momentos buenos que has vivido en verde. ¿Te quedas con alguno?
—Son muchos, pero tal vez con dos. El primero en la temporada del primer ascenso y aquella eliminatoria ante el Mensajero que nos ganó allí 4-0. Y luego en la vuelta fue todo tan especial. Logramos remontar en un día que no olvidaré nunca, con una afición volcada, un ambiente excepcional y un equipo que lo dio todo. El segundo la eliminatoria de Copa del Rey con el Sevilla tras eliminar al Andorra. Creo que fue la primera vez que nos pudimos sentir como un club profesional. Pero hay otros partidos que no olvidaré nunca. Han sido tantos...
—Se dice que en el fútbol a veces uno es compañero pero no amigo. ¿Lo crees así?
—Para nada. Desde que empecé me he encontrado gente muy buena y compañeros extraordinarios. No voy a nombrar a ninguno porque han sido tantos. Desde los que me arroparon cuando era juvenil y di el salto al primer equipo hasta los actuales que han visto en mí más que un capitán a un amigo. Eso me llevo de este bonito deporte y gran club.
—Y de entrenadores. ¿Cómo ha sido tu relación con ellos?
—No creo que nadie se pueda quejar de mi actitud y compromiso. He tenido muchos, pero si tengo que destacar a alguno ese es Miguel Ángel Miñambres, Es el que confió en mí cuando era juvenil y del que he aprendido tantas cosas, todas buenas. También Rubén de la Barrera en la temporada que jugué en el Villaralbo. Eso sí, de todos los entrenadores que he tenido siempre he aprendido algo.
—¿Te ves en el futuro como entrenador?
—Por ahora no. Tengo que aclararme las ideas porque esto me ha cogido descolocado. Por ahora no me veo entrenando aunque a lo mejor me toca el gusanillo y lo intento.
—Eso cuando te retires. ¿Has pensado en hacerlo?
—Tenía la intención de hacerlo en un futuro en el Atlético Astorga. Pero han pasado estas cosas que ahora no sé qué hacer. No sé si retirarme o jugar unos años más. Me veo bien para seguir de corto aunque el momento no es el mejor a nivel anímico por lo que ha pasado.
—¿Te han comentado si habrá un homenaje?
—Por ahora no. Aunque no lo sé. Todo me ha pillado de manera muy precipitada y no se qué pasará mañana.
—Para la afición atlética eres su Gran Capitán.
—Qué voy a decir de ellos. Que han sido algo maravilloso. Diego Peláez no hubiera llegado a lo que llegó si no es por ellos. Les debo mucho y siempre estaré agradecido de todo el cariño que me han profesado que ha sido tanto que estoy en deuda con ellos.
—Agosto va a ser distinto para tí cuando empiece la pretemporada y no te veamos en el césped de La Lragudina vestido de verde.
—Seguro que sí. No sé como lo viviré. Lo que sí estoy seguro es que el Atlético Astorga es mi vida y ahora, aunque sea desde la grada, siempre lo estaré animando.
—Más de 500 partidos y 18 temporadas en el equipo en tres etapas, la última 14 años. Datos para enmarcar de un jugador único.
—Los de un astorgano que hizo realidad su sueño y que es y será siempre de este bendito club.