Ziganda cuenta con el tronco Paraschiv
Ziganda precisa pegada en la Cultural. Goles que den victorias y puntos para abandonar cuanto antes esa penúltima plaza de la clasificación. Tiene atacantes con distintas características, según elija el entrenador navarro para cada planteamiento de partido.
El primer día dio relevancia al ataque. Yo le pregunté que si le gustaba más el delantero tronco o el que buscaba espacios en el área rival. Antes de contestar, Ziganda resopló como no queriéndose decantar por un estilo de delantero u otro. "Me gustan los delanteros que sean buenos", dijo. Y a continuación, matizó: "Lo ideal es combinar ambos conceptos de delantero habilidoso y ágil y el de atacante tronco, según lo que necesite el partido en cada momento".
La efectividad en el campo se basa en la combinación de las dos habilidades, creatividad, movimiento y trabajo en equipo. Un delantero tronco se caracteriza por ser menos habilidoso pero más contundente en el remate. El punta opuesto regatea, genera espacios y es rápido en el disparo final. Pero lo más importante de ambos estilos es anotar goles. Los que den triunfos a una Cultural que necesita inflar su casillero de puntos para subir puestos en la clasificación y escapar de esa zona de zozobra que intranquiliza a León.
Ziganda llegó y dio confianza a Sobrino. Después a Manu Justo. También al brasileño Lucas Ribeiro, del que se espera que ponga patas arriba el Reino. Y el tronco Paraschiv también cuenta.
Ziganda fue más tronco que artista del área cuando fue delantero del Athletic. Lo reconoce charlando con él. Le recuerdo un partido de Liga entre Logroñés y Athletic en el antiguo Las Gaunas en marzo de 1997, que vi en ese tan famoso estadio riojano, con victoria bilbaína por 1-4. Dos dianas llevaron la firma de Ziganda. Enseguida me dice: "De esos dos goles que metí en Las Gaunas para un tronco como yo no estuvo mal el que anoté de picadita. ¿Recuerdas?". Así me la clavó. Y pensé sin contestar a Ziganda para ser tan cuco como él, como me voy a olvidar de aquel golazo de pura delicatessen. Lo recordaré de por vida en ese Athletic casi de ensueño.
Hay analfabetos deportivos que hablan, cuentan, narran o chismorrean de fútbol distorsionando la realidad del momento puntual en el que se produjo, con un atrevimiento que raya la ignorancia en cuanto a términos que jamás han entrado ni entrarán en su menos que mediocre conocimiento.
Ziganda, con sus goles, dio muchas tardes de gloria a su Athletic. Ojalá repita en la Cultural, como entrenador, días inolvidables para León y los miles de fieles culturalistas que corearán al navarro, si consigue salvar al equipo, como en sus mejores tiempos de delantero tronco y menos tronco: ¡¡¡Cuco, Cuco!!! ¡¡¡Cuco, Cuco!!! ¡¡¡Cuco, Cuco!!! ¡¡¡Cuco, Cuco!!!¡¡¡Cuco, Cuco!!! Así hasta que enloquezca su afición con el cántico en nombre de Ziganda: ¡¡¡Cuco, Cuco!!! ¡¡¡Cuco, Cuco!!! ¡¡¡Cuco, Cuco!!! ¡¡¡Cuco, Cuco!!!¡¡¡Cuco, Cuco!!!