Diario de León

España tropieza en el último escalón antes de ascender al limbo

El equipo nacional vuelve a ser subcampeón y se rinde a la superioridad de los lituanos Italia consigue plaza en Atenas a costa de Francia

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Paco Rengel - estocolmo
León

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Ni siquiera hubo emoción. Lituania fue esta vez la que se cruzó en el camino hacia el oro de la selección, la que prolonga la frustración de España en los Eurobasket, donde jamás ha conseguido el título. La selección, mediatizada por una pésima actuación de su estrella, Pau Gasol, no pudo superar esa merma. Frente a la variedad de recursos del adversario, el equipo nacional navegó en busca de una solución individual que nunca llegó. La plata es un gran premio, pero concluir un torneo con derrota siempre suele ser doloroso. Es lo que le pasó a la selección. Si comprueban que Gasol ha conseguido 36 puntos y leen que pensamos que su actuación fue decepcionante, es posible que se confundan. Nada más llegar las estadísticas del partido nos damos cuenta de esa capacidad anotadora de la estrella de España, pero repasamos: 20 de esos puntos fueron en el último cuarto, cuando todo estaba decidido. Por lo tanto, es necesario ratificarse en esa apreciación. La selección precisaba completar un gran encuentro porque Lituania no iba a rendirse con facilidad. Pero pronto se comprobó que las opciones eran pocas, ya que después de un primer cuarto equilibrado, en el que aún las defensas de uno y otro equipo no se habían acoplado, llegó el primer aviso báltico. Tras el 20-19 de los primeros diez minutos, se comprobó que Gasol tenía prohibido terminantemente pisar la zona rival. Los marcajes, los bloqueos y la atención eran rigurosos con respecto los movimientos del ala-pívot. El catalán, agobiado por ese acoso, prefirió el lanzamiento exterior, lo que llevó a cabo con escaso acierto. Espesa El ataque de España, sin balones que pudieran hacer daño en la zona contraria, era espeso, pendiente de un tiro de Navarro o alguna acción del siempre constante Garbajosa, sin circulación adecuada. Lituania, por su parte, encontraba muchos más recursos para romper el dispositivo defensivo de su adversario. Jasikevicius, su estrella, estaba bien vigilado, pero eso no quitó que el pívot Eurelijus Zukauskas se hicierea el dueño de la situación en ambos aros, o que el escolta Macijauskas -fichaje reciente del Tau- fuera el encargado de romper en pedazos el sueño español de ganar el título por primera vez. La mejor racha anotadora de Navarro fue la que concedió cierta esperanza a España al llegar al descanso. El caso es que el conjunto que entrena Sireika buscaba soluciones ofensivas que les venían facilidadas por un trabajo atrás que provocaba pérdidas y desquiciamiento por parte de los españoles. El dominio del gigante Zukauskas fue el preámbulo de la sentencia de la selección. Una defensa zonal por parte lituana acabó por descomponer a la selección, que vio cómo su sueño del oro se desvanecía cuando Macijauskas culminaba una bandeja tras robar el balón (60-45). En menos de treinta minutos se había confirmado la superioridad de una selección que aprovechó mejor sus cualidades. Intercambio de canastas En un torneo con tanta igualdad, parece imposible que se consigan remontadas espectaculares. Los campeones aceptaron el intercambio de canastas en el último cuarto, cuando Gasol logró unos números que no ocultan su frustrante actuación. Es la desgracia de caer en la final, que se queda cara de tristeza. Sin embargo, España se puede dar por satisfecha. Ha cumplido su objetivo de pujar por el podio en los Juegos de Atenas y ha sumado otro subcampeonato. Plata amarga que con el tiempo, ha de resultar dulce.

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