Diario de León

La Deportiva regala el partido a los «pavones» nada más empezar

Los locales perdían 0-2 a los cuatro minutos, pero a pesar de ello dieron la cara hasta el final

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Ramón Díez - ponferrada
Ponferrada

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Los casi cinco mil aficionados que se dieron cita ayer en el Toralín podrán dar fe de que el resultado final del partido no se ajusta exactamente a lo ocurrido sobre el terreno de juego. Cierto es que parece imperdonable que un equipo de la talla que se le supone a la Deportiva pueda regalar dos goles a los cuatro minutos y más aún ante un rival de la talla del Real Madrid B. Es concederle demasiada ventaja como para pensar luego en la remontada. Sin embargo, el comportamiento que tuvieron los blanquiazules después de esos dos traspiés es encomiable. Trataron por todos los medios de neutralizar la ventaja de los blancos y se dejaron la piel en el campo. Quizá por ello, de la boca de los aficionados no salió ni un solo reproche hacia su equipo, pese a tan desolador comienzo. El partido se empezó a perder a los tres minutos, cuando Paredes le roba la pelota a Cascallar y pone un centro medido al segundo palo donde Soldado sólo tiene que poner la cabeza para mandar a la red del sorprendido Rubio. Pero es que nada más sacar los locales de centro, Alain pierde la pelota ante Juanfran y este sirve al centro para que Ricki fusile el portal blanquiazul. Cualquier otro equipo se hubiera encogido, se habría acobardado, el balón le quemaría en los pies y seguramente se convertiría en un flan propicio para la degustación de su enemigo. Nada de eso sucedió en el Toralín. Los bercianos volvieron a demostrar que no están carentes de raza y entrega cuando la ocasión requiere de esos aditamentos. Otra cosa es que estén más o menos afortunados, pero nadie puede discutir a estos jugadores que no dejan el campo con la camiseta bien sudada, aunque eso ayer no era suficiente para remontar un partido que ya casi estaba perdido desde el pitido inicial. José Antonio Soto, que al final resultaría expulsado, pudo acortar diferencias en un remate de cabeza tras una falta magistralmente botada por Lanza. Pero estaba claro que el de ayer no era el día de la Ponferradina. Tras algunas ocasiones de gol menos claras, Sergio Gámiz estuvo a punto de marcar poco antes del descanso, pero el balón tropezó contra un rival cuando iba camino de la red. El infortunio quiso que a la salida del córner, Larios perdiera otro balón a pies de su marcador y ahí nació el contragolpe mortal del Madrid que llevó a cuatro jugadores atacantes contra solo dos defensores locales. El balón terminó llegando al pichichi de la categoría, Ricki, quien batió sin remisión a un Rubio vendido que ayer no hizo otra cosa que sacar el balón de sus mallas en tres ocasiones cuando en los cuatro partidos anteriores sólo había encajado un gol. Tomé movió ficha en el descanso y quitó a un desdibujado Larios para dar entrada a Gonzalo como revulsivo porque se veía que si la Deportiva hacía un gol pronto, aún habría partido. La estrategia empezó bien porque el canterano hizo un gol desde fuera del área, en un balón que tropezó en un defensor y se envenenó para salir lejos del alcance de Codina. Todavía pudieron variar las cosas los locales, por increíble que pudiera parecer, pero los lanzamientos de Sergio Gámiz en sendos golpes francos, se perdieron junto al poste por escasos centímetros. El filial madridista prácticamente no existió en toda la segunda parte ya que se limitó a defender con uñas y dientes la sustanciosa renta que su rival le había concedido en el primer tiempo. Sólo cuando el colegiado gallego Pérez Alleres, que estuvo casi perfecto, expulsó a Soto quizá equivocadamente porque la falta sobre Jurado (que se iba solo hacia Rubio) pareció más bien de Jechu que no del vigués, pero en fin, a partir de aquí los merengues intentaron «rematar» a los de Tomé, jugando ya en superioridad numérica. Además, el descomunal esfuerzo que habían hecho los blanquiazules pasaba factura ya en esos momentos y se temía la posibilidad de que llegara algún otro gol al marco de Rubio, cosa que finalmente no ocurrió porque además un castigo más desmesurado hubiera sido ya tremendamente injusto. Nadie debe rasgarse las vestiduras por la forma en que se produjo la derrota, ni siquiera por la derrota en sí misma. Más bien al contrario, hay que pensar en positivo, como hacía Tomé tras el encuentro y tratar de recuperar el tono exhibido por el equipo hasta la jornada de ayer, porque la Liga no ha hecho más que comenzar. El público supo entender a la perfección lo que había ocurrido en el Toralín y demostró su mayoría de edad con una actitud loable en la que no cabía ni un reproche hacia unos jugadores que lo dieron todo.

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