Cinco latigazos perpetúan la buena línea de Ademar en casa (27-23)
León mata el partido en cuatro minutos de velocidad y pone ya rumbo a la Copa de Europa
No hay despedida más grande que un regreso (Canterville) Ganó Ademar, que más o menos es lo que se esperaba, aunque quedaba algún reducto de temor mínimo, quizá más fruto de las precauciones que de los cálculos de la lógica. Volvió al Palacio Antonio Cartón, antes con Ademar, ahora desde Cantabria, hasta hace dos días siempre de blanco, ayer de negro. Y en el cruce de las dos situaciones, el día parió un partido que demostró que León sigue fiel a dos máximas. En pista, ganar a base de correr, de coraje y de testosterona. En la grada, hacer ídolos a base de un particular criterio, por el que el extremo asturiano, por ejemplo, ayer resultó el rey del fervor popular, eclipsando incluso el DNI autóctono de Vega, que dentro de unos años, aún seguirá siendo producto de la cantera de Maristas, circunstancia que no se da en el caso del gijonés. Pero, como quiera que en los dos casos, bajo la camiseta sudan dos buenas personas, hágase la voluntad del pueblo, aunque no deja de quedar en el aire una interrogación en torno a los caminos de la lógica. Por el Palacio pasó además una de las defensas más fornidas de la Liga. Asier Antonio sigue siendo una de esas perlas que ha ido generando el balonmano pátrio sin que ningún grande haya terminado de fijarse en sus rizos, y a su vera, Cantabria tenía a León en 10 goles escasos a cinco minutos del intermedio. Y eso que Zorman había hecho sus pinitos en el lateral, con un gol de firma propia y dos acciones más de salón para habilitar el lucimiento de Raúl Entrerríos, pero en la ruleta de pivotes y extremos que fue la primera toma, no apareció la combinación adecuada. Así que tuvo que ser en inferioridad, después de que las protestas desde el banquillo generasen una exclusión local, cuando Krivochlykov acertó al fin a romper la barrera del +3 (15-12), que para jugar en el Palacio, ultimamente se está convirtiendo en el límite psicológico entre el dominio de los choques y las dudas en el tanteador. A partir de ahí, Josu Olalla empezó a jugar en ataque inútilmente, porque la anotación de Eduardo Coelho (el del 17 a la espalda, para los que fueron al partido) se redujo en más de un 50% en la segunda parte, después de las cinco dianas de la primera parte. Cadenas decidió jugar el último cuarto de partido en 6-0 y abandonar la defensa de avanzado que había dispuesto de salida. De los barullos en los seis metros locales surtieron cinco contragolpes seguidos que mataron el partido. Ya por más que Julián Ruiz se desesperó en el rondo del tiempo muerto a trece minutos de la despedida (22-18) no había nada que hacer. Si acaso, dar un rato de lucimiento a Luka Zvizej, aquel extremo de tímidas apariciones con el Celje Pivovarna Lasko cuando a la sombra del internacional ruso Eduard Kokcharov apenas había nada que rascar en el campeón esloveno, y que ahora se ejercita en la noble tarea de hacer méritos para acabar, no tardando en la lista de convocados de alguno de los cuatro aspirantes a los títulos. Ruleta final Entre protesta y protesta contra las decisiones arbitrales y alguna exclusión suelta mediante, fue la hora de que Kasper rematara una labor descollante, que llevó al 43% su nivel de acierto bajo los palos, de que Juanín terminara de volver a la senda que conoce. Porque del otro lado, ni el cambio de porteros entre Jordi Núñez y Saric, arregló mucho más. Y entre tanto, Vatne iba llenando aún más de humanidad y reconocimiento los dos metros y pico de estatura que, por culpa de unos cuántos centímetros de dedo dañado en una mano, le tenían en un sin vivir. ¿Y Kjelling?. ¿Y Curuvija?. En la grada, pasando la tarde y el tiempo, a ver si el sábado hay más suerte y ya pueden estar recuperados para jugar en la Copa de Europa. ¿Y Perales? En el banquillo, esperando a mejor oportunidad, y comprobando que, el paso de los partidos, cada día hace más productiva la factoría Entrerríos, ahora con Raúl en pleno apogeo. Dirige, anota, y también se equivoca, claro. Pero cada día menos.