Diario de León

Las averías persiguen a Carlos Sainz y le hacen sudar otro título

Una avería eléctrica a cinco kilómetros de la meta rememora al piloto madrileño el año 1998

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Txema García - barcelona
León

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El piloto español Carlos Sainz debió revivir el domingo, durante el último tramo del Rally de Cataluña, uno de los momentos más amargos de su carrera, cuando perdió el Mundial de Rallies de 1998 tras calársele el coche y no poder volver a ponerlo en funcionamiento a 500 metros de la meta de la última carrera del campeonato, el Rally de Inglaterra. «¡Trata de arrancarlo, Carlos, por Dios, trata de arrancarlo!», gritaba desesperadamente su entonces copiloto, Luis Moya. Sainz, al volante de un Toyota Corolla, parecía tener asegurado entonces su tercer título mundial (los anteriores los consiguió en 1990 y 1992), pero al no poder acabar el Rally de Inglaterra fue superado por el finlandés Tommi Makinen (Mitsubishi Lancer), quien había llegado a la última prueba con dos puntos de ventaja y se había visto obligado a abandonar el primer día. Algo muy parecido le pasó el domingo a Carlos Sainz, con la diferencia de que esta vez le sucedió en la penúltima prueba del Mundial (el Rally de Cataluña) y que todavía tendrá posibilidades de rectificar en la última, que es de nuevo el Rally de Inglaterra. El madrileño, esta vez a los mandos de un Citroen Xsara, llegó al Rally de Cataluña como líder provisional del Mundial: con tres puntos de ventaja sobre el noruego Petter Solberg (Subaru Impreza), otros tres respecto al británico Richard Burns (Peugeot 206) y seis ante el francés Sebastien Loeb (Citroen Xsara). El transcurso del Rally no era demasiado malo para Sainz, en una accidentada última etapa marcada por la fuerte lluvia. Aunque Loeb se encontraba por delante, en primera posición, Burns se había visto obligado a abandonar tras salirse de pista, él marchaba cuarto y Solberg andaba sexto tras haber ascendido desde la décima plaza que ocupaba el día anterior al aprovecharse de sus mejores neumáticos sobre asfalto mojado (Subaru utiliza Pirelli y Citroen Michelin). A Loeb se le había complicado además el último tramo del día, ya que sus ruedas ya no aguantaban más y había perdido en el último instante su a priori cómoda primera posición a manos de su compatriota Gilles Panizzi (Peugeot 206). Pero cuando todo apuntaba a que Sainz iba a acabar cuarto y sumar unos cinco valiosos puntos que le hubiesen dejado en ventaja como líder provisional del Mundial, el Citroen Xsara se paró de repente a unos cinco kilómetros de la llegada, debido a una avería eléctrica, y no había manera de volverlo a encender. «¡La madre que me parió!», exclamó esta vez el nuevo copiloto de Sainz, el catalán Marc Martí. Pero el madrileño tuvo los reflejos suficientes de pedir rápidamente al numeroso público congregado que empujase el coche, con lo que pudo volver a ponerlo en marcha y acabar el Rally de Cataluña. Esa avería le costó a Sainz 45 segundos preciosos, que le hicieron bajar desde la cuarta hasta la séptima posición del Rally (fue adelantado, entre otros, por Solberg, que acabó quinto) y sumar dos puntos para el Mundial, en lugar de los cinco que parecía tener asegurados. Posteriormente, Sainz se las vio y se las deseó todavía para cubrir los 140 kilómetros no cronometrados que separan el parque de asistencia de Vic (Barcelona) con el control final de Lloret (Gerona), ya que en la carretera se le paró más de una vez el motor. De no haber llegado a Lloret, se hubiera considerado un abandono y Sainz habría perdido esos dos puntos sumados. Además, llegó a Lloret con un minuto de retraso, lo que le costó diez segundos de penalización que no alteraron su séptima posición.

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