Ademar sube las dudas al desván La vuelta al ruedo de los toreros se convierte en un ejercicio de fervor
El campeón de la Copa de Europa dobla la rodilla en León de nuevo y sucumbe al juego ordenado del equipo y al poderío irresistible de la afición del Palacio, otra vez excepcional

Nueve minutos iniciales de delirio bastaron para hacer lo más difícil: romper el marcador (5-1). A nueve minutos del final (30-26) Ademar podía haberse permitido el lujo de dejar de marcar, que hubiera ganado igual. El campeón vigente de la Copa de Europa mordió el polvo por segunda vez en el Palacio, por sexta vez en España (Montpellier nunca ha sido capaz de ganar a un equipo español en pista ibérica) y regeneró a un equipo que acabó rendido a un particular menage a trois g rada-plantilla-árbitros, porque a la hora de felicitar, hubo abrazos hasta para la pareja islandesa, asunto inusual. Hay días en los que la euforia está justificada. Ganó León. El equipo y la ciudad. La masa social hizo el primer gol. Y el segundo. Y el tercero. Hasta cinco. En realidad, de ahí al deascanso, el partido se convirtió en un catálogo de lanzamientos y finalizaciones, porque las dos porterías dieron chance con acierto más bien irregular a sus cuatro inquilinos posibles. Montpellier abrió el turno de las rotaciones con la primera línea (en realidad, basicamente todo lo que hizo Canayer fue devolver la dirección del equipo a Stefanovic, para poner fin a ese experimento con gaseosa de hacer jugar de central a Bojinovic) mientras Cadenas se decantó por los movimientos en las alas, si bien es cierto que, cuando la bola no llega a las esquinas, los extremos son elementos decorativos muy monos. Montpellier, decepcionante A la aceptable labor defensiva de Ademar en la primera parte le faltó solo un punto y medio más de atención al rechace de las paradas de los porteros. A la del equipo del Herault, le faltó de todo. El 5-1 fue un colador en el que Colón campó a sus anchas. El partido no murió al descanso porque el ataque previo al intermedio, que iba para + 6, se convirtió en + 4 por una falta en ataque (19-15) pero este campeón europeo asusta sólo lo justo. Los únicos momentos en los que la escuadra local vaciló en la segunda parte (29-26) y el cambio a defensa 5-1 llegaron de la mano. Tres pérdidas de balón infantiles de Kabengelé, Anquetil y Stefanovic modificaron la filosofía de partido de tenis en que se estaba convirtiendo el choque, degenerado a simple cambio de goles por norma. Juanín y Sioud se fueron al banquillo por exclusión doble en el único roce del partido y el bocinazo final mandó las dudas al desván.