Ademar convierte en tradición la costumbre de ganar al Valladolid (32-28)
León acaba la primera vuelta en puestos de Copa de Europa y aleja cuatro puntos a Pucela

La defensa de Colón y Vatne fue uno de los argumentos básicos
Ganó Ademar el derbi. No es noticia desde hace ocho años, porque con la excepción de la primera temporada de la llegada de Cadenas a León, en el Palacio este partido siempre lo gana el mismo (hubo un empate en el 2001/2002 para despistar), así que en el fondo, hubo alegría, y esas cosas, pero llega un momento que ya aburre tanto triunfo contra los de ahí al lado. Casi no emociona saber ya de antemano cómo va a acabar el partido. Y eso que a la tónica de igualdad generalizada que se le suponía al partido le asistió la primera parte como mejor argumento de demostración. León llegó a vivir relativamente cómodo instalado en +4 (15-11) cuando Valladolid jugó de pena una de las tres superioridades de que gozó hasta el descanso, pero bajo las excelencias de un mayor catálogo de posibilidades en ataque, que el dúo Raúl-Garabaya tiene ahora el refuerzo del poderoso lanzamiento exterior de Fis y Milinovic, de volvieron a renglón seguido la igualdad al tanteador por obra y gracia de un 0-4 de parcial. Hasta ahí, las prestaciones de Armand Torrego bajo palos mejoraban de largo las de Kasper, si bien, la aparición de Jorge Martínez en el marco, cambio sobremanera la decoración. Funcionó mejor el ataque con Héctor en el pivote, fue más sólida la defensa de la mano de la pareja Colón-Vatne en el centro del 6-0, después de que Valladolid hubiera ido alternando el 5-1 de la casa con la misma estructura que caracterizó a León. Quizá porque en 12 minutos de reanudación Valladolid recibió más exclusiones que Ademar en todo el primer tiempo, Pastor tuvo que parar el partido. Ademar decidió dejarse llevar por los designios del partido, León devolvió la comodidad al marcador (23-19). Sin rendirse Fis (10/13 a aquellas alturas de partido) no estaba por la labor de dejar morir el choque antes de tiempo, y siguió tirando del carro anotador castellano, otra vez con Kasper bajo los palos. La intensidad defensiva del 6-0 marista aportaba al partido el fuste que le había faltado antes, por más que en el aire seguía latente el peligro del juego a base de arreones que siguió manifestando Pucela por modus operandi. Pero presto a no soltar la diferencia en la que había metido el partido, Cadenas basó en dos puntos fundamentales el quehacer de los que restaba. Por una parte, pertrechar la defensa con la solidez por el centro de Colón y Vatne, bajo la compañía en las ayudas de Héctor, y de otro punto, modificar la disposición de la primera línea para que los números erráticos de Metlicic (2/9) no hicieran más mella en el ataque del equipo, de lo que derivó una nueva entrega del experimento Roberto-Krivochlykov en el ataque del flanco derecho. Y por las mismas, el partido fue muriendo plácido, sin más problemas.