Diario de León
Publicado por
BENITO URRABURU
León

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LOS AFICIONADOS al ciclismo en Italia le convirtieron en un mito y la estación invernal de Madonna di Campiglio, en 1999, truncó su gloriosa carrera. La de Marco Pantani fue una caída que nadie ha conseguido frenar. Hace dos años ya anunciábamos en estas líneas que el gran escalador italiano estaba abocado a la catástrofe. Desgraciadamente el tiempo nos ha dado la razón. Desgraciadamente. Pantani no era viejo para el deporte, pero sí para un ciclismo que había cambiado mucho con respecto a los días en los que brilló como nadie en las largas cuestas de Italia y de Francia. No pudo rehacer ni su vida ni su carrera. Sus años de profesional le convirtieron en un mito en Italia, donde los aficionados le veneraban. Su estrella cambió un sábado del mes de mayo. Seguir el camino de la gloria o irse al infierno quedó marcado por la tasa de hematocrito que le dejó sin ganar su segundo Giro de Italia. Desde entonces, Marco Pantani fue dando tumbos en el ciclismo y en la vida. A él, como al Chaba Jiménez, le resultó imposible levantar cabeza. Sanciones sucesivas le arrebataron la poca credibilidad que le quedaba. No pudo encontrar patrocinador y la angustia terminó por consumirle. El punto flojo de Pantani siempre fue su timidez. Era un persona sensible, poca abierta con desconocidos y muy reservado a la ahora de comentar sus sensaciones en la carrera y especialmente de su vida particular, que también ha tenido muchos altibajos. Su frágil moral y sensibilidad le llevaron al final de la pasada temporada a cambiar muchas cosas en su vida cotidiana, tras enfrentarse con sus progenitores, con su mujer y con su amigos más directos. Cambió por completo sus hábitos, sus métodos de preparación invernal para afrontar una temporada en la que iba a ser un reto para él. Sólo tenía 34 años. La tragedia estremece de nuevo al ciclismo. Cuánto dolor...

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