Diario de León

DESDE EL MANZANARES

Adiós a la ventisca colchonera

Publicado por
NEMESIO RODRÍGUEZ
León

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JESÚS GIL murió ayer en una clínica situada en la calle madrileña Ventisquero de la condesa. Su vida fue una verdadera ventisca, una borrasca que alentó un carácter explosivo, provocador, que a nadie dejaba indiferente. El Atlético de Madrid, que gobernó 16 años, compartió las luces y las sombras de su biografía, debido sobre todo a decisiones de Gil que mezclaron los intereses del club colchonero con los suyos privados, tanto económicos como políticos. «Me he dejado la piel por el Atleti y nunca he quedado con una peseta», decía cuando el acoso judicial amenazaba su gestión. Llevó una relación dificilísima con sus entrenadores, a veces con determinados jugadores, criticó con dureza las injusticias arbitrales y se peleó con más de un colega, en una ocasión, con el gerente del Compostela, José María Fidalgo. Volcó toda su fuerza y pasión en el objetivo de que el Atlético de Madrid recuperara un lugar de honor entre los grandes de Primera para que el clásico de la Liga volviera a ser el duelo con el Real Madrid, su acérrimo rival, a los que definía con sorna los blancos. Pasó de la gloria -el doblete de 1996- a la humillación -las dos temporadas en Segunda División- y, en una huida hacia adelante, tentó a la suerte con osadía cuando su partido, el Grupo Independiente Liberal, tomó el poder en Ceuta y Melilla, las puertas más sensibles de la política exterior española. Sometido a numerosos procesos judiciales, pasó en tres ocasiones por la cárcel y lo pagó con la salud y, pese a todo, retuvo con mano firme las riendas del club rojiblanco hasta su dimisión en mayo de 2003. Hasta la crisis del descenso (2000), la afición colchonera, con fama de ser la más fiel del fútbol español, le veneraba porque hablaba claro y ponía a cada uno en su sitio, aunque a veces le perdiera la vehemencia. Descanse en paz, Jesús Gil, aunque conociéndole seguirá sufriendo en el más allá por su Atlético porque, como le gustaba repetir, «pase lo que pase, nunca dejaremos de ser atléticos».

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