Más de 20.000 personas dan el último adiós a Gil en el Calderón
La capilla ardiente del ex presidente atlético estuvo abierta seis horas de incesante paso
Como cada quince días, la familia atlética acudió fiel este sábado a la ribera del Manzanares, a su estadio. Pero la marcha rojiblanca fue la más triste de la reciente historia del club. Los colchoneros iban a despedir a su presidente, al torbellino que ha hecho temblar los cimientos del fútbol español. Desde las diez de la mañana, con caras serias, compungidos, los fieles se acercaban hasta el templo de sus alegrías y desgracias. Ordenadamente, los atléticos, ataviados en muchos casos con camisetas del club, bufandas y banderas, accedían tristes por la puerta 4 al Vicente Calderón. En los videomarcadores del coliseo, una gran foto de Jesús Gil recordaba al presidente perdido, mientras la procesión colchonera se introducía en las tripas del estadio. Antes de llegar al antepalco de honor, donde se encontraba el féretro envuelto con una bandera rojiblanca, los aficionados transcurrían por una alfombra roja flanqueada por cientos de coronas florales de ex jugadores, peñas de todo el mundo y de la mayor parte de las federaciones y clubes de España. Junto al ataúd, cuatro policías municipales de Marbella rendían tributo a su anterior alcalde. Tras el féretro, y a modo de homenaje, figuraban los tres trofeos de la Copa del Rey y de campeón de Liga que logró el equipo madrileño en los 17 años que Jesús Gil estuvo al frente. A su alrededor, los empleados del club, que habían acudido de forma voluntaria y vestidos de negro para colaborar en la capilla ardiente, indicaban a los aficionados la salida. Algunos no podían contener el llanto. «Para siempre, presidente», gritaba un joven llorando y con el puño en alto. «Has dejado la vida por el Atleti», espetaba otro con un crespón negro en el escudo de su camiseta. «Nos vamos a dar cuenta ahora de lo que hemos perdido. No va a ver otro presidente como él», señaló Mario Fonseca, soriano como Jesús Gil. Hasta los más encarnizados rivales del máximo accionista, como fueron los miembros del Frente Atlético durante los últimos años, presentaron sus respetos a su anterior presidente. Ni siquiera los ultras pudieron contener las lágrimas. Y es que más de 20.000 personas mostraron sus respetos durante las seis horas que la capilla ardiente estuvo abierta al público. La cola, que daba la vuelta al estadio, superó todas las expectativas tanto de los responsables del club (que duramente mantenían la compostura) como de los servicios policiales, que se vieron en algún momento desbordados.