La grada leonesa sufre el segundo ascenso foráneo en doce meses
León se evadió del partido a los cinco minutos y dejó irse a un Bilbao al que le salió todo

Davis acabó totalmente agotado por el esfuerzo realizado tras el descanso para buscar la remontada
Baloncesto León seguirá un año más en el infierno de la LEB. Por lo visto ayer en el Palacio el ascenso del Bilbao es totalmente merecido. Fue una noche muy dura tanto en la cancha como en la grada. Era el segundo ascenso foráneo en el Palacio de Deportes en doce meses. Y es que para recordar un partido como el de ayer hay que remontarse a la última cita con el Tenerife el año pasado, cuando un equipo avanzaba hacia el ascenso de forma inapelable ante un León totalmente impotente. Y Hamilton, tras el descanso, repetía actuación como hace un año para conseguir su segundo ascenso consecutivo. El partido apenas tuvo color y arrancó con una novedad. Jareño incluyó en el quinteto inicial a Davis para sustituir a un deshauciado Onyekwe. Tras un inicio trepidante con un avance rápido de la anotación llegaron dos triples consecutivos de Javi Salgado que anulaban las rentas iniciales de León con un empate a 10 puntos. Pero el Bilbao no se quedó ahí y con su tiro exterior abrió ventaja mientras León intentaba dar la réplica sin ningún acierto. El balón no quería siquiera tocar el aro y poco a poco León se iba del partido, porque Jareño movía el banquillo para buscar a alguien inspirado sin conseguir nada de nada. En el segundo cuarto se acabaron definitivamente las opciones. León se atascó totalmente y sólo fue capaz de sumar siete puntos mientras su rival lograba 22. El equipo vasco jugaba posesiones largas y como se había credido en la pista le entraba todo, y precisamente cuando la iba a sonar el final de la posesión, lo que aún acuchillaba más la moral de León. En nueve minutos el equipo sólo había sumado un triple de Urreizti y el juego exterior estaba totalmente desaparecido, mientras por dentro la contundencia de los pívots vascos frenaba totalmente a León. Jareño rotaba a sus jugadores buscando alternativas, pero el Bilbao no erraba ni un solo ataque, mientras frenaba totalmente a León, incapaz siquiera de pelear el rebote bajo su aro. Era necesario pasar por el vestuario cuando antes, pero en esos últimos minutos de la primera parte el Bilbao se volcó para matar el partido. La grada también se había despertado por fin, pero el balón no quería entrar de ninguna manera. Y un triple de Salgado elevó la renta a un máximo de 22 (22-44), justo antes del descanso. Tras pasar por el vestuario, Jareño puso en pista a Urreizti, con Julio y Charli para acompañar a Davis y Onyekwe. El equipo presionó en toda la pista y una serie de robos le permitieron por fin correr para sumar un parcial de 12-3 que limó la diferencia, liderado por Davis, Julio y Charli. La grada soñó con el milagro y empezó a empujar al equipo. Pero una guerra con el reloj y el Bilbao seguía agotando las posesiones aunque su margen de acierto se había debilitado (40-55). En el arranque del cuarto periodo, León había limado nueve puntos de la renta máxima de 22, pero faltaban 13. La presión permitía al Bilbao buscar huecos para anotar fácil, aunque León en un esfuerzo supremo llegó a ponerse a ocho (53-61). León había atascado al Bilbao a falta de 7.20, pero en cuanto volvieron los errores en ataque el equipo se vino abajo. El esfuerzo físico de los últimos trece minutos pasaba factura y un manotazo involutario de Pepe Llorente permitió que Javi Salgado durmiese el partido durante varios minutos. Llegó una fase de desacierto por parte de los dos equipos y Jareño buscó el tiro de un Paco ayer negado. El partido se murió con los lanzamientos desesperados de un León que ya no tocaba ni siquiera el aro, lo que facilitó las cosas al Bilbao para subir su tanteador. Fueron dos minutos de infierno para los jugadores de León en la pista, mientras la plantilla del Bilbao tenía que reclamar a Salgado que parase ya de buscar más puntos. Y al final desolación en la pista y en la grada, aunque no faltó el aplauso para agradecer el esfuerzo. Nadie esperaba ni quería un final tan duro. 3-0 para el Bilbao.